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Autoritarismo a la turca: Erdogan no soporta las discrepancias

 
 
Urgente24.com  |15/06/2013 Compartir Urgente24 twitter facebook rss urgente24.com google plus
 
 
 
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Autoritarismo a la turca: Erdogan no soporta las discrepancias

La policía turca ha desalojado esta noche (15/06) por la fuerza a los cientos de manifestantes que ocupaban desde hacía más de 2 semanas el parque de Gezi, en el centro de Estambul. La fuerza de seguridad apeló al gas lacrimógeno, cañones de agua y cargas con escudos contra la gente. Centenares de policías antidisturbios barrieron literalmente el parque Gezi desde las 20:30 hora local, en medio de momentos de tensión. Los ocupantes del parque intentaron resistirse. Muchos de los manifestantes se refugiaron en la entrada del hotel Divan, situado junto al parque, pero la policía proyectó contra ellos los cañones de agua y les lanzó gas lacrimógeno. Más allá del hotel, los policías persiguieron a los manifestantes a lo largo de varias avenidas en medio de escenas de caos y de pánico. Ciudadanos de Estambul y turistas escapaban juntos de las terrazas de los cafés a medida que el ambiente se llenaba de gas y observaban las escenas de violencia desde el interior de tiendas y hoteles. Las mesas y sillas que quedaban vacías fueron utilizadas como barricadas.

En el momento de la carga, en Taksim y en el campamento de Gezi había al menos 2.000 ciudadanos.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, había advertido este sábado 15/06 que la Policía desalojaría el domingo 16/06 por la fuerza a quienes siguieran ocupando el parque Gezi de Estambul, centro de las protestas antigubernamentales que sacuden Turquía desde hace dos semanas. Pero decidió anticipar la acción.
 
El centro de Estambul fue ocupado por agentes antidisturbios enviados a impedir que los manifestantes prosiguieran con sus protestas y accedieran a la plaza Taksim, desalojada con rigor: la intervención policial ha provocado la hospitalización de 29 personas, según un comunicado de la oficina del gobernador Huseyin Avni Mutlu, que no ofreció más detalles.
 
Con los manifestantes decidiendo el futuro de su acampada-protesta, la policía irrumpió en la plaza Taksim salvajemente a las 20:45 hora turca. El dispositivo estaba formado por más de 500 agentes antidisturbios, quienes emplearon gases lacrimógenos, agua a presión cargada de componentes químicos irritantes y balas de plástico.
 
En el momento de la carga, en Taksim y en el campamento de Gezi había al menos 2.000 ciudadanos. Tras media ahora advirtiendo que salieran "mujeres y niños del parque", los policías sembraron el pánico cargando simultáneamente en todos los rincones de Taksim y Gezi.
 
En los alrededores del hotel Divan también continuaba la tensión. Había una gran presencia policial y, ocasionalmente, los agentes usaban los cañones de agua y el gas lacrimógeno contra la gente en la calle. Tras cada ataque, decenas de personas entraban corriendo en el hotel, donde otros manifestantes las trataban con una solución de leche y pastillas antiácido. Al mismo tiempo, muchas personas consultaban la información más reciente conectándose a Facebook y a Twitter en sus teléfonos.
 
En una de las calles de acceso, un conductor de un camión de la basura cruzó su vehículo para cerrar el paso a los agentes. Los manifestantes le aplaudieron.
 
Más tarde, varios miles de personas fueron ocupando la Avenida de la República, que desemboca desde el norte en el parque Gezi y donde cadenas humanas habían levantado varias barricadas con material de edificios en construcción. 
 
De madrugada, continuaban los enfrentamientos en esa avenida entre los manifestantes y la policía, que los repelía con agua y gas. 
 
“La policía ha entrado en el parque sin avisar, había mujeres, gente mayor, niños... Erdogan es un mentiroso. Mañana, millones de personas vamos a tomar Taksim”, dijo junto a una de las barricadas un joven que no quiso dar su nombre y se identificó como publicista.
 
Tan solo unas horas antes, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, había lanzado desde Ankara, arropado por miles de seguidores, un ultimátum a los manifestantes de Estambul.
 
Los indignados turcos, contrarios a las obras previstas por el Gobierno en el parque, lograron volver tras el último desalojo, llevado a cabo por las fuerzas de seguridad el pasado miércoles 12/06. 
 
“El hecho de que los canales de negociación y diálogo estén abiertos es un signo de madurez democrática”, había escrito poco antes el presidente de la República, Abdulá Gül, en su cuenta en la red social Twitter.
 
 
El desafío del primer ministro Erdogan, que planeó construir unos cuarteles de estilo otomano donde hoy se extiende el arbolado parque de Gezi, dio lugar a la avalancha de indignación más grande vista en Turquía. Pese a que más de 80 ciudades del país se unieron a las protestas, no hubo símbolo más poderoso de las revueltas que el mismo Gezi, un terruño trapezoidal de tres hectáreas junto a la plaza estambuliota de Taksim.
 
La pequeña acampada que nació el 28 de mayo para proteger los árboles que una excavadora había comenzado a derribar, en el sector norte del parque, ha derivado en un microcosmos social insólito. Todo tipo de colores políticos, etnias y religiones, incluso polos hasta entonces irreconciliables, han sido capaces de convivir sin apenas incidentes.  
 
Los acampados en Gezi han sellado su armonía confluyendo en unas ideas en común: su rechazo al estilo de gobierno de Recep Tayyip Erdogan, que califican de "autoritario" y unas políticas "represivas" e "invasivas en la vida privada" de los turcos. Según una encuesta a los inquilinos de Gezi, el 49% de ellos se sumaron a las protestas, también, por la brutalidad empleada por los policías durante las manifestaciones.  
 
Caso 1
 
"El Gobierno quiere convertir el centro de Estambul en un lugar aséptico al servicio de los consumidores",
Yasar Adanali. 32 años. Urbanista e investigador
 
Cuando las calles entraron en erupción, este activista ya llevaba meses investigando y publicando sobre los efectos del proyecto planeado por Erdogan en el centro de Estambul. "Esto ha ido más allá del asunto de Gezi. Ha derivado en un debate sobre nuestras libertades individuales y el uso de los espacios públicos y privados", señala.  
 
"Hay un problema urbanístico detrás de la edificación sobre el parque de Gezi. De un tiempo a acá, el Gobierno está intentando excluir el carácter heterogéneo del centro de Estambul. Intenta excluir a los pobres, al comercio informal, a las opiniones políticas", lamenta.  
 
"La reconstrucción de los cuarteles otomanos es el símbolo del proceso de 'gentrificación' [del inglés 'gentrification', proceso urbanístico de desplazamiento de la antigua población de un barrio deteriorado para dotarle a la zona de usos para gente de mayor poder adquisitivo] emprendido por el Gobierno en toda esta área".  
 
"Junto a la renovación de [el cercano y deteriorado barrio kurdo de] Tarlabasi y la construcción de una marina de lujo junto al Bósforo, se quiere convertir todo el conjunto en un gran centro comercial al aire libre, despolitizado, aséptico y en el que se hasta lo que se consume esté controlado por la maquinaria del Estado".  
 
"Para justificar la destrucción de Gezi, el Gobierno siempre ha alegado que esta superficie estaba infrautilizada", resalta Adanali. "Pero el campamento nos ha demostrado que, si marginamos la hegemonía del capital, la sociedad puede rediseñar los espacios comunes, hacerlos suyos y adaptarlos a sus necesidades por si mismos".  
 
 
Caso 2
 
"El campamento se apoya en la solidaridad de la gente",
Oguz (nombre ficticio). 22 años. Estudiante de Relaciones Internacionales
 
No quiere revelar su nombre por cuestiones de seguridad. Estaba estudiando en Viena cuando las calles de su país comenzaron a arder. Ni corto ni perezoso, cogió un avión y se unió a la 'resistencia' del parque de Gezi. Aunque sólo fuese por una semana. Tras una mesa, en una esquina de la acampada, reparte gratis zumo y frutas.  
 
"La gente está siendo muy solidaria. En el puesto en el que estoy, hemos recibido un cargamento de frutas desde la ciudad de Adana. Todo el mundo nos envía ayuda. El secreto es la colaboración entre todas las personas que se han concentrado para resistir ante el Gobierno".
 
 
Caso 3
 
"No estamos contra el Gobierno en si, sino contra sus políticas imperialistas",
Fikret Hal. 62 años. Miembro del Isçi Partisi (Partido de los Trabajadores)
 
El Partido de los Trabajadores ha sido, últimamente, una de las organizaciones más contestatarias ante los movimientos políticos de Recep Tayyip Erdogan. Dogu Perinçek, su líder, está en prisión provisional acusado de pertenecer a la trama Ergenekon, una supuesta conspiración de ultra derecha que, según el Primer Ministro, pretende acabar con su mandato.  
 
La agrupación política, sin representación parlamentaria, ha heredado los matices nacionalistas, socialistas y cientifistas de la poliédrica doctrina impulsada por el fundador de la República de Turquía, Mustafa Kemal. Aunque no existe una delimitación exacta de esta doctrina, pues está hoy día sujeta a numerosas interpretaciones, se la denomina comúnmente ‘kemalismo’.  
 
"El Partido de los Trabajadores no está contra el Gobierno, sino contra el Imperialismo. Los imperialistas tienen un proyecto para mantener su hegemonía en Oriente Medio y Erdogan es uno de sus ejecutores", denuncia Fikret. "Estamos en contra de la intención imperialista de destruir los países islámicos. Defendemos la unidad de nuestra sociedad y la unión indisoluble de los Estados. Por eso seguiremos aquí, bien organizados".  
 
 
Caso 4
 
"El movimiento kurdo es también ecologista",
Hidir (nombre ficticio). 35 años Activista
 
Entre banderas del fundador del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) Abdullah Öcalan, en una de las esquinas más visibles del campamento de Gezi, los kurdos han montado un llamativo fortín. En él dedican largos ratos, durante el día, a bailar 'halai', una danza tradicional kurda, y a reivindicar más derechos políticos y lingüísticos para su minoría, cuya etnia representa casi el 25% de los ciudadanos turcos.  
 
El Gobierno turco inició, a finales del año pasado, un proceso de negociación con la guerrilla del PKK. Para ello, han entablado un diálogo fluido con Öcalan, encarcelado desde 1999 en una prisión de alta seguridad en la isla de Imrali, en pleno par de Mármara. Ambas partes buscan desactivar un conflicto armado que ya dura 28 años y ha dejado cerca de 40.000 muertos.  
 
A cambio, a través de partidos políticos con representación en el Parlamento (y presencia en Gezi) como el Partido para la Democracia y la Libertad (BDP), los kurdos pretenden, entre otras peticiones, que se permita enseñar su lengua en la escuela pública y ganar estructuras de auto gobierno para la región donde son mayoría, al sureste del país.  
 
"Kurdos y turcos han compartido esta tierra desde hace milenios", subraya Hidir. "La lucha de los kurdos no es sólo identitaria. Es también ecologista, libertaria e igualitaria con las mujeres. Nuestro líder, Öcalan, defiende un paradigma ecologista y apoya estas protestas [de Gezi]. Es más, los kurdos fueron los primeros en parar la destrucción del parque", recuerda.  
 
"El diputado [del pro kurdo BDP] Sirri Sürreya Önder se puso en peligro por primera vez para defender el parque", destaca el activista, recordando que el político paró las excavadoras, el 28 de mayo, interponiéndose entre estas y los árboles de Gezi. "Luego ya llegaron los nacionalistas [turcos] y otros grupos marginales que quisieron apropiarse de las protestas [por Gezi]".  
 
 
Caso 5
 
"Por primera vez se ha creado una red de comunicación alternativa",
Önder Isler. 26 años. Periodista del periódico turco 'Bir Gün' ('Un día')
 
Una de las críticas que más ha resonado entre los acampados es la cobertura "liviana y sesgada" hecha por los medios de comunicación nacionales. Precisamente un documental sobre pingüinos, emitido por el canal CNN Türk a la misma hora que la cadena internacional CNN transmitía en directo los disturbios, ha hecho de estos animales polares uno de los símbolos de la crítica acampada de Gezi.  
 
"La resistencia de los acampados ha demostrado a la gente la cerrazón de los medios turcos generalistas. A partir de aquí, la sociedad ha ganado consciencia de la existencia de medios de comunicación alternativos, como el Bir Gün, y ha creado sus propios medios", explica el periodista. Çapul TV, un canal creado al calor de la acampada, emite desde el mismo Gezi, a través de internet, explicando en directo el acontecer allí.  
 
El periodista no olvida el papel capital jugado por twitter y facebook para convocar, organizar e informar sobre las protestas que se extendieron por Turquía durante las últimas dos semanas. "Por primera vez se ha creado una red de comunicación alternativa basada en Internet, capaz de destapar las mentiras contadas por los medios generalistas turcos", remarca Ïnder.
 
 
Caso 6
 
"Estamos tan sobrios que hemos cobrado consciencia de la realidad y nos hemos alzado",
Kaan (nombre ficticio). 20 años Estudiante
 
Muchos jóvenes, hasta el momento ajenos a la agitada vida política que se respira en Turquía, han entrado por primera vez en esta dimensión gracias a las protestas por el parque de Gezi. "Somos ecologistas y respetamos el entorno. El Gobierno tiene un plan para destruir el parque. Eso no nos gusta", clama.  
 
Sentado junto a sus colegas de universidad, Kaan participa en las protestas entre críticas a la actitud amenazante de Tayyip Erdogan y a su programa legislador. "Erdogan está en contra del pacifismo", recalca. Y remata sus palabras con un chascarrillo común que circula estos días entre los acampados: "Tayyip nos prohibió el alcohol. Y tan sobrios estamos ahora que hemos cobramos consciencia de la realidad y nos hemos alzado".
 
 
Caso 7
 
"El Gobierno construyó Gezi aprovechando las tumbas de un cementerio armenio expropiado forzosamente",
Melis Tamtan. 28 años. Cooperante en una ONG
 
El Gobierno de Erdogan sigue sin reconocer el conocido como "genocidio armenio", cometido por el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial. "En 1915, los armenios fueron masacrados", comienza la joven, una cristiana armenia acampada entre banderolas escritas en su idioma nativo. "También hubo los pogromos de Estambul del 6 y 7 de septiembre de 1955", añade.
 
"La población armenia ha disminuido en Turquía como consecuencia de la represión. Los armenios tienen miedo a salir a las plazas a manifestarse y perseguir sus derechos». Melis recuerda el asesinato en 2007 del periodista armenio Hrant Dink, crítico en sus textos con la actitud del Gobierno con sus congéneres: «Si callas, no pasa nada. Pero Dink hablaba".
 
"Es necesario que estemos estemos acampados en Gezi. Para reivindicar nuestros derechos como minoría y que, entre otras demandas, exijamos la aceptación del Genocidio armenio y la devolución de las tierras confiscadas por el Gobierno a nuestros antepasados".
 
La activista recuerda un detalle desconocido sobre Gezi: "Entre 1551 y 1939, había un cementerio armenio situado junto lo que hoy es Gezi. El Estado lo expropió forzosamente, lo destruyó y usó las losas de las tumbas para hacer los suelos, los márgenes y las escaleras del parque de Gezi".
 
Y remacha: "En ese tiempo, armenios no pudieron hacer nada para la destrucción del cementero. Ahora, casi cien años después, asistimos a un episodio muy parecido. Nos quitásteis nuestro cementerio, pero no podréis quitarnos el parque".
 
 
Caso 8
 
"Queremos evitar que el Gobierno aproveche las divisiones políticas entre los acampados",
Ezgi Kardaslar. Miembro de Turkiye Geçlik (Juventudes de Turquía)
 
Armados de banderas y con un eslogan repetido hasta la saciedad ("Somos los soldados de Mustafá Kemal"), los jóvenes de esta organización nacionalista turca han encontrado, en la acampada de Gezi, el acicate ideal para alzar la voz contra las políticas de corte islámico de Erdogan. Este grupo se organiza en 76 universidades de Turquía y es conocido por su incansable militancia en todo tipo de protestas opositoras.
 
"Gezi es un bello e histórico parque y no queremos que se destruya", explica Ezgi. "La gente está enfadada tras sucesos ocurridos recientemente como el doble atentado bomba que hubo en la ciudad de Reyhanli, en el que murieron 51 personas, o la prohibición de la venta de alcohol a partir de las diez de la noche".
 
"Nuestra ideología sigue la herencia democrática de Mustafa Kemal. Es cierto que los kurdos [cuyo enfoque nacionalista difiere del de las Juventudes de Turquía] están acampados en Gezi y que algunos grupos quieren crear conflicto. Lo sabemos, y por que sabemos que eso podría ser usado por el Gobierno para dividirnos, haremos lo posible para evitar disputas", manifiesta.
 
"Para nosotros el partido kurdo [BDP] es igual que el AKP [Partido para la Justicia y el Desarrollo de Erdogan] y que el PKK. Y es cierto que tenemos ideologías opuestas, y hubo un enfrentamiento entre algunos acampados cuando los del BDP quisieron desplegar banderas con la imagen de Abdullah Öcalan», resalta Ezgi. «Pero da igual la etnia. Al final, seas de etnia, turca, kurda, laz o circasiana, formas parte de Turquía".
 
 
Caso 9
 
"Defendemos la libertades individuales, como la de consumir o no alcohol",
Zeni Baslan. 26 años. Miembro de Antikapitalist Müslümanlar (Musulmanes Anticapitalistas)
 
Pese a que la mayoría de los acampados critican la deriva islámica de las políticas de Recep Tayyip Erdogan, eso no ha equivalido a un rechazo generalizado a los creyentes musulmanes. El campamento de Gezi fomentó la ausencia de alcohol en la zona durante la festividad islámica del Miraç Kandili, la semana pasada, y se ha preocupado de ofrecer una imagen conciliadora alojando allí el rezo colectivo del viernes.
 
La mayor cantidad de velos y rosarios islámicos puede apreciarse en la zona donde acampan los Musulmanes Anticapitalistas. Esta organización nació el año pasado bajo el tutelaje de Ihsan Eliaçik, un famoso escritor y teólogo turco que asegura que en las suras del Corán rebelan, explícitamente, el concepto de la lucha de clases promulgado por el secularista Karl Marx.
 
"Estoy en contra de la interpretación mayoritaria del Corán, impuesta por los aparatos religiosos", insiste Zeni. "Indistintamente de cuál sea, cristiana, judía o musulmana, como en el caso de Erdogan, los gobiernos usan las religiones para adormecer y dominar a las sociedades. Estamos en contra de este uso incorrecto de las religiones. Defendemos las libertades individuales, como la de decidir si consumir alcohol o no".
 
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