El Atlético de Madrid demostró que, hoy por hoy, es mucho más equipo que el Real Madrid. Exhibe una solvencia encomiable y destapó todas las miserias de un rival abotargado. El DT Carlo Ancelotti apostó por el músculo de Illarra y Khedira para igualar las fuerzas en el centro del campo pero el Madrid naufragó en toda regla. De hecho, mejoró algo con los cambios en el inicio del 2do. tiempo: Bale y Modric.
El cotejo tuvo un protagonista: el brasilero Diego Costa. El batallador delantero enfrentó a todos los 'blancos', marcó, creó peligro, se peleó con prácticamente todos los madridistas e incluso tuvo algún que otro encontronazo con el árbitro. Todo el mundo conoce el carácter y el estilo de juego del hispano-brasileño pero parece que éstos se potencian cuando se enfrenta al eterno rival.
"Por mucho Cristiano lleva la revolución a cuestas, eso de marcar más un gol partido...importa y mucho que el juego de su grupo está crudo, crudísimo, insoportable, esta vez en su propia casa. El portugués, algo insólito, no marcó y estuvo de suspenso. El resto, aún peor. Y puede que, cuando este Real se entere de lo que la vaina -ya no hablemos eso de 'espectáculo' prometido-, esta Liga esté perdida. Primera crisis, a 5 puntos. Algo parecido ocurrió el pasado año y... El Atlético, perfecto en defensa, de plan claro y confianza en sus fuerzas desactivó hasta las individualidades del Madrid todo el partido, empezando por Isco y terminando por CR y Bale, que por lo menos intentó desborde. Diego Costa cobró pronto y erró en la segunda parte el 2-0, como también la tuvo Koke, enorme su trabajo, tras un recorte seco y disparo a la cruceta. Morata, de espectacular chilena, se topó con Courtois en la más clara de las escasísimas llegadas blancas en los arreones finales, como la que se marchó por el exterior. Ruina blanca, el Atlético crece como alternativa al poder después de defilar 14 años tieso por el Bernabéu en Liga. (...)".
"(...) El grupo rojiblanco es un equipo con mayúsculas, gremial. Los reclutas de Simeone son mosqueteros al servicio de una idea de la que son devotos. Nadie le obliga a ser un conjunto embriagador, pero tiene un formato muy claro y su muestrario cada vez es más eficaz, hasta el punto de que pese a la piel de cordero que propaga su técnico, el Atlético amenaza con sublevarse ante los dos grandes. Tuvo a tiro al Barça en la Supercopa y, como ya hiciera en la Copa, volvió a colonizar Chamartín.
El equipo colchonero ha crecido tanto a través de lo colectivo que hoy se han fortalecido sus individuales. No hay rojiblanco peor que en otros cursos; al contrario, algunos, muchos, han crecido. El mejor ejemplo, Koke. Un futbolista estupendo, versátil, sin una cualidad sublime, pero notable alto en todo lo que hace. Quita, da vuelo al juego, es ordenado, elige bien, se sacrifica como un pretoriano más y a balón parado es una veta extraordinaria. Un jugador para todo y para todos. Fue él quien penalizó un grave error de Di María, que se hizo un ovillo ante Filipe, que le rebañó la pelota. El balón cayó a los pies más oportunos, los de Koke, que filtró un pase telescópico a las espaldas de Pepe y Arbeloa. Si Koke se ha graduado definitivamente, otro doctorado es Diego Costa, dos delanteros en uno: Falcao dentro del área y Costa fuera. Ante Diego López resolvió con la naturalidad propia de quien se siente iluminado. Es mucho más que un pendenciero: potente, incordión, con una armadura privilegiada para acolchar la pelota y dar un respiro a su equipo. Y, de repente, tan preciso ante el gol que lleva los mismos que Messi. Le han tomado la matrícula y a su alrededor saltan chispas. Ahora también es víctima de su matonismo y se lleva las suyas. Con todo, un jugadorazo. (...)".
"(...) Ancelotti cambió cromos en el segundo tiempo, más que nada porque no le quedaba otra. Sacó a Modric y a Bale por un desafortunado Di María y un Illarra que no acaba de entrar en sintonía con el resto. Con los cambios el Madrid ganó en algo que le hacía falta como el comer: en intensidad, que le era necesaria e imperativa para, al menos, intentar compensar la superioridad táctica que tenía el Atlético.
Con los cambios, el equipo ganó metros de hierba, pero no de fútbol. Todo siguió siendo muy previsible, sin la velocidad suficiente para superar a un rival bien colocado, ordenado y con ayudas en todas las marcas.
El ímpetu blanco puso el choque en otro escenario: dominio del Real, insistente aunque sin mucho orden, y contras peligrosísimas del Atlético. Ahí Diego Costa tuvo la sentencia del partido, pero Diego López evitó el finiquito mientras el partido se agitaba convulso, con mucha viveza en todos.
El arreón blanco, lleno de voluntad y fe, se habría llevado al Atlético por delante de no ser por lo bien trabajado que está el equipo de Simeone. Entró Bale con su potencia brutal llevándose todo por delante. Morata también buscó con mucho ahínco y el Atlético aguantó el último intento del español con mucha serenidad y firmeza en todos.
Tuvo mérito el Madrid en ese empeño final, tanto mérito como desorden en su ataque. De hecho, el que tuvo la oportunidad de destrozar el partido fue el Atlético con unas contras mortales que desquiciaban a la caótica defensa blanca. Koke tiró al palo, Diego López volvió a parar, pero también Courtois hizo lo suyo en un remate de Morata, delantero que sumó mucho más y dio un ímpetu saludado con brío por el Bernabéu. No bastó."
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