La embajada de Irán en Beirut es una de las más importantes en la capital libanesa. Sucede que Irán es un aliado de Hezbollah, fuerza político-militar decisiva, y ha reemplazado a Siria en la influencia sobre una porción importante de la sociedad libanesa. Los islámicos chiíes de Irán (y Hezbollah) no solamente se encuentran enfrentados a Israel. Sus mayores adversarios son, en realidad, los islámicos sunitas de Al Qaeda, salafistas nacidos de escuelas orientadas por los sauditas como Osama bin Laden. 2 explosiones mataron a 23 personas junto a la embajada iraní en Líbano. Es una paradoja que el Estado iraní, acusado de provocar el ataque contra la sede de la AMIA en Ciudad de Buenos Aires, haya recibido ahora un bombazo en Beirut.
Embajador iraní Ghazanfar Ruknabadi y el 1er. ministro libanés Najib Mikati, abordando la agenda bilateral que ahora incluye, necesariamente, la presencia de Al Qaeda en Beirut.
La intervención directa de Irán y la milicia chíta libanesa Hezbolá en la guerra siria, que le ha permitido al régimen de Bachar el Asad ganar terreno en el escenario bélico, comienza a tener sus consecuencias más graves. El eslabón más débil en esa cadena de intereses es Hezbolá, que aunque controla el gobierno de Líbano, se enfrenta a una creciente oposición en la población suní de su país y es el objetivo de una serie de ataques en su feudo en la Dahiya, en las afueras de Beirut.
Al menos 23 personas han muerto y al menos 145 han resultado heridas en un doble atentado en los alrededores de la Embajada iraní en la capital libanesa, según ha confirmado el Ministerio de Sanidad. El ataque ha sido reivindicado por el grupo llamado Brigadas de Abdalá Azzam, una célula ligada a Al Qaeda que recibe su nombre del fundador de la red terrorista.
La inacción en Siria de los poderes occidentales, incapaces hasta la fecha de apoyar con armas o con intervenciones militares limitadas a los rebeldes moderados ha permitido la casi desintegración de ese bando, fagocitado por una serie de milicias yihadistas con idearios muy variados pero una común lealtad a Al Qaeda. Precisamente un grupo afiliado libremente a esa organización terrorista, las brigadas Abdullah Azzam, ha reclamado en las redes sociales la autoría del ataque contra la embajada iraní, cerca de la Dahiya, el feudo que controla y desde el que opera Hezbolá.
Al Qaeda lucha desde hace meses en Siria y parece decidida a llevar sus métodos, sobre todo los ataques suicidas, a otros países en la región. Y mientras más avanza Al Qaeda, más refuerza a El Asad y a su régimen en Siria.
"Esta acción pretende ejercer presión sobre Hezbolá para que se retire de Siria y liberar a todos los rehenes retenidos por Hezbolá", según un comunicado del grupo yihadista difundido por la Agencia Nacional de Noticias libanesa (ANN), que cita las declaraciones de Sirayedin Zreikat, uno de sus responsables, en Twitter: "Ha sido un acto de inmolación de 2 valientes suníes libaneses".
El embajador iraní en Líbano, Ghazanfar Runkabadi, ha confirmado la muerte del agregado cultural, el jeque Ibrahim Ansari, pese a que en un primer momento había descartado que hubiese víctimas mortales entre el personal de la legación, que, ha insistido, no era el objetivo de los terroristas.
La investigación, sin embargo, apunta en la dirección contraria. Tanto efectivos de seguridad desplegados en la zona de Jnah, en las cercanías de Dahiyeh, los suburbios al sur de la ciudad y feudo de Hezbolá en Beirut, como varios testigos aseguran que la primera explosión se produjo después de que efectivos a cargo de la protección de la Embajada disparasen contra dos individuos en una moto que no se habían detenido tras dar el alto. Uno de ellos fue abatido, el otro detonó la carga explosiva que llevaba adherida al cuerpo.
Apenas dos minutos después estalló la segunda carga, colocada en un coche que irrumpió en las inmediaciones. "Después de la primera explosión, un Jeep Cherokee azul que, obviamente estaba conectado con los primeros (suicidas) bajó la calle", comenta uno de los responsables de la investigación, "justo aquí tuvo un accidente antes de llegar cerca de la Embajada". Bajo sus pies se acumulan como una mancha los restos de varios faros rotos y algún trozo de carrocería.
La explosión, presumiblemente generada por unos 60 kilogramos de explosivos, fue de tal intensidad que Hassan, un joven que acudió al lugar tras escuchar la explosión, asegura que su coche se tambaleó mientras conducía a un kilómetro de distancia del lugar del atentado. Restos humanos que pueden pertenecer a los suicidas han sido hallados a más de 100 metros del punto cero.
El de hoy es el tercer ataque de las mismas características que sacude Dahiyeh, el feudo de Hezbolá en Beirut, desde que Hasan Nasralá, líder del partido milicia chií aliado de Damasco y Teherán, confirmase la participación de sus combatientes en Siria a favor de Bachar al Asad. En julio un atentado con coche bomba sembró temor entre los vecinos de Bir el Abed en la víspera del Ramadán. Al menos 35 personas fallecieron en otro ataque similar un mes después.
"Desde hace tiempo temía que algo así pudiese pasar en la Embajada (iraní)", asegura con el susto aún en la cara Abed, residente en uno de los edificios más afectados por la onda expansiva. La fachada de su bloque es apenas un amasijo de hierro y cristales donde una pareja militares ayuda a retirar los restos de de las ventanas esparcidos por el suelo.
"Estaba con el portero cuando escuché la primera explosión", cuenta, "había mucho humo y salí a ayudar, entonces explotó la segunda (bomba) y vi los cuerpos de la gente y los guardias de la Embajada tirados por el suelo". "Pensé que podía haber una tercera bomba, ahora estoy tranquilo porque la zona está controlada".
Poco después del ataque, registrado a las 9.40 de la mañana, el Ejército acordonó las calles que daban acceso al barrio, una zona mixta de apartamentos de lujo donde residen varios ciudadanos iraníes y representantes políticos de Hezbolá, según los vecinos. Efectivos de Amal, el partido chií liderado por el presidente del Parlamento, Nabih Berri, ha establecido varios puntos de control en las inmediaciones.
"Es un mensaje para Hezbolá y para Irán, pero como no pueden hacerles daño, solo dañan y asustan a la gente", asegura Ahmad Nassar, un joven electricista que resultó herido en la cabeza y el pecho cuando acudió en auxilio de las víctimas tras la primera explosión.
El régimen de Bashar al Asad inició el fin de semana una gran ofensiva para asegurar definitivamente la carretera que une Damasco con la costa mediterránea meridional. La excusa es tener una vía de evacuación de los arsenales químicos cuya destrucción supervisa la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.
En la práctica, sin necesidad de usar armas químicas, con artillería, misiles y batidas aéreas, el gobierno sirio sigue ganando terreno en una guerra que dura ya más de 2 años y medio y que ha provocado 6 millones de desplazamientos. Una ofensiva sobre Qara, una localidad siria fronteriza hasta ahora controlada por los rebeldes, ya ha empujado a 10.000 refugiados a Líbano, que en el transcurso de esta guerra ya ha acogido a otros 800.000.
La agencia estatal de noticias siria, SANA, ha difundido un comunicado de condena en el que el régimen de Bachar el Asad apunta veladamente a Arabia Saudí como responsable del doble atentado. "El olor de los petrodólares exhala de los ataques en Siria, en Líbano y en Irak", citaba el diario libanés Daily Star.
"Condenamos este cobarde acto terrorista dirigido a incitar tensiones en Líbano y utilizar el país como arena para enviar mensajes políticos", ha apuntado el primer ministro en funciones, el prosirio Nayib Mikati. Por su parte, Saad Hariri, líder de la oposición aliado con Ryad y cabeza del principal partido suní, el Movimiento del Futuro, ha insistido en que el atentado "debería ser un motivo para distanciar a Líbano de los fuegos que prenden en la región y para concienciar a los libaneses de los peligros de una interferencia militar en la crisis siria", en clara referencia a Hezbolá.
La participación de Hezbolá en el conflicto sirio ha contribuido a un aumento de la tensión sectaria en Líbano, que se ha visto fuertemente sacudido por el conflicto sirio. La guerra entre rebeldes suníes y el régimen alauí de Asad, apoyados por los países del Golfo e Irán respectivamente, ha profundizado la brecha entre seguidores de ambas ramas del Islam. El doble atentado contra la embajada iraní ha tenido lugar además un día antes de que se retomen las negociaciones con Teherán a propósito de su programa nuclear.
Hezbolá no ha escondido su participación en la guerra vecina. Ha enterrado públicamente a sus milicianos muertos en Siria, llorándoles como mártires. La semana pasada, su líder, Hasán Nasralá, dijo en un discurso que sus hombres lucharán en Siria “tanto tiempo como hayan razones para ello”.
Irán, en cambio, ha mantenido un perfil mucho más bajo, aunque numerosos rebeldes y grupos observadores sirios han informado de la presencia de comandantes de su Guardia Revolucionaria entre las tropas y grupos paramilitares sirios. Hasta hoy, pocos riesgos directos había en esta guerra para el régimen de los ayatolás, ocupado negociando con occidente sobre su programa nuclear. El atentado contra su embajada en Beirut es una advertencia y un testimonio de lo grandes que son ya los abismos sectarios en Oriente Próximo, entre el eje chíta y los radicalismos suníes.
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