Existe una curiosa comparación posible entre las erradas elucubraciones del colectivo Carta Abierta, y los análisis disparatados de Enrique Haroldo Gorriarán Merlo en su Todos por la Patria, en días de Raúl Alfonsín. La izquierda acostumbra sobrevalorar su propia capacidad, y al igual que la derecha menosprecia todo lo que trasciende su microclima. Aquel fiasco de 1989 en La Tablada termina resultando muy actual, 24 años después.
Celesia y Waisberg intentaron reconstruir la arenga de Gorriarán Merlo a quienes serían los infortunados atacantes del Regimiento, acantonados en 2 casas-quintas en el Gran Buenos Aires. La idea de que "el golpe está a la vuelta de la esquina" delata la burbuja en que vivía el líder del MTP; la advertencia de que era "el último tren de la historia" al que había que subir anticipó el descarrilamiento. De regreso al comienzo: ¿era tan torpe o hubo algo más detrás de toda la tragedia?
por EDGAR MAINHARD
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Una lástima. Enrique Haroldo Gorriarán Merlo falleció el 23/09/2006 en el hospital Argerich, de la capital federal, víctima de un paro cardíaco, y quedó pendiente de respuesta la gran pregunta sobre un sangriento acontecimiento ocurrido 17 años antes: el fallido intento de ocupación del Batallón de Infantería Mecanizado 3, de La Tablada, en el Gran Buenos Aires.
En enero de 2003, él había publicado sus "Memorias de Enrique Gorriarán Merlo. De la Década del '70 a La Tablada", un volumen de más de 600 páginas, en el que se limitó a relatar lo ya conocido acerca de ese traumático acontecimiento.
Buscando aquellas respuestas pendientes, el cronista se sumergió en el flamante "La Tablada - A vencer o Morir - La Última Batalla de la Guerrilla Argentina" (Editorial Aguilar, 332 pag.).
"¡A vencer o morir!" también se tituló una selección de documentos del Partido Revolucionario del Pueblo/Partido Revolucionario de los Trabajadores, que realizó Daniel de Santis.
"A vencer o morir por la Argentina" era la consigna que concluían los partes de guerra del ex ERP, del que participó Gorriarán Merlo.
Felipe Celesia, hoy día acreditado por la agencia estatal de noticias Telam en la Casa Rosada; y Pablo Waisberg, redactor en 2 publicaciones que han simpatizado con el proyecto Kirchner ('Caras y Caretas', y 'Crisis'), utilizaron aquella frase en su 3er. libro conjunto. Antes, ellos escribieron la biografía del abogado cercano a Montoneros, Rodolfo Ortega Peña; y del jefe político-militar de esa organización terrorista, Mario Eduardo Firmenich.
Luego de la lectura correspondiente, el cronista sigue preguntándose si Gorriarán Merlo era tan imbécil como para suponer que bastaba con tomar por asalto un regimiento para llegar al poder en la desvencijada Argentina de la decadencia de Raúl Alfonsín.
Es cierto que Gorriarán Merlo ya había protagonizado otros importantes fracasos militares. Por ejemplo, el fallido asalto al Batallón Depósito de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, en la localidad bonaerense de Monte Chingolo, el 23/12/1975, la última acción relevante del ERP.
En las librerías se vende, en forma simultánea al trabajo de Celesia y Waisberg, la investigación "Viva la Sangre", de Ceferino Reato, en la que se cuenta cómo Gorriarán Merlo llegó castigado por sus colegas guerrilleros a la ciudad de Córdoba, luego de otro fiasco: el sábado 19/01/1974, la Compañía Héroes de Trelew, del ERP, reforzada para la ocasión, realizó una incursión en la ciudad bonaerense de Azul (Provincia de Buenos Aires) contra el Regimiento 10 de Caballería Blindada y el Grupo de Artillería Blindado 1, de donde se llevaron como rehén, en su forzada retirada, al entonces teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal, más tarde asesinado tras 10 meses de cautiverio, durante un enfrentamiento con la policía.
Gorriarán Merlo no era tan dotado como él creía para la organización y ejecución de acciones bélicas convencionales. De hecho, el acontecimiento que le concedió fama internacional fue un ataque comando, el 17/09/1980, en Asunción del Paraguay, para ejecutar al ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle. Pero ocupar un cuartel del ejército regular, y prepararse para la eventualidad de un combate convencional, es una acción bien diferente.
En sus memorias, Gorriarán Merlo justificó el ataque al BIM 3 de La Tablada diciendo que él pretendía impedir un supuesto golpe de Estado planificado por el entonces candidato a presidente Carlos Saúl Menem (luego Presidente elegido y reelegido, entre 1989 y 1999) y el entonces coronel Mohamed Alí Seineldín.
Si Gorriarán Merlo dijo su verdad, él tenía pésima información: Menem ya había rechazado convertirse en Presidente de factocuando Seineldin se lo ofreció a dirigentes peronistasdurante la primera semana de diciembre de 1988, al encabezar la rebelión militar 'carapintada' que comenzó en Campo de Mayo y terminó en Villa Martelli. El análisis de Menem no pasaba por Seineldin y lo demostró derrotándolo en diciembre de 1990. En aquel 1989, Menem veía trastabillar a la Unión Cívica Radical gobernante y estaba convencido de que podía ganarle en las urnas.
Para la investigadora Claudia Hilb, en verdad, un grupo de personas encabezado por Gorriarán Merlo trató de "fabricar un presente ficticio: fabricar en primer lugar la 'materia' a ser interpretada —el ficticio golpe carapintada— para sobre esta ficción erigir una mentira verosímil —'fuimos a parar el golpe'— que, bien instrumentada, deberá poder manipular ahora los sentimientos antigolpistas del pueblo en favor de la insurrección".
El cronista ha escuchado muchas especulaciones acerca de que el Movimiento Todos por la Patria, que organizó Gorriarán Merlo en los años '80, se encontraba totalmente infiltrado por la Jefatura 2 (Inteligencia) del Ejército Argentino, y Gorriarán Merlo fue manipulado. Al fin de cuentas, el Batallón de Inteligencia 601 ya había infiltrado las cercanías de Gorriarán Merlo en los '70 y por eso anticipó el ataque a Viejo Bueno.
Sin embargo, Celesia y Waisberg afirman que el jefe del Ejército por entonces, general Francisco Eduardo Gassino, fue totalmente sorprendido aquella mañana del 23/01/1989 por la novedad del ataque al BIM 3.
Celesia y Waisberg hacen una reconstrucción pormenorizada de todos los pasos de Gorriarán Merlo en su regreso a la Argentina, desde un intento de organización de un foco de guerrilla rural en Libertador San Martín (Jujuy), donde se encontraba el ingenio Ledesma, a la creación de una experiencia política urbana llamada Todos por la Patria, y la abrupta militarización de esa experiencia política, consecuencia de una sucesión de errores en la reunión y análisis de información que tenía Gorriarán Merlo.
Por cierto que otro misterio es que el gobierno de Cuba, y luego el de Nicaragua, confiara tanto en un personaje tan desinformado. Gorriarán Merlo administraba dinero que le enviaban los cubanos, y por eso se interesaban tanto por él los intelectuales de la izquierda criolla, pese a que Gorriarán Merlo no era un intelectual.
Sin resultar ninguna maravilla, mucho más intelectual era un gran crítico suyo dentro del ERP/PRT, Luis Mattini, nacido con el nombre de Juan Arnol Kremer Balugano.
Gorriarán Merlo financió la revista Entre Todos, cuyo consejo de dirección integraban Jorge de Breuil, Carlos Vicente, Humberto Tumini y Manuel Luna. También la editorial Contrapunto, que dirigía el ya fallecido funcionario K, Eduardo Luis Duhalde (recordada por títulos como "Ezeiza", de Horacio Verbitsky; y "La Noche de los Lápices", de Maria Seoane). Además, Gorriarán fue el inversionista inicial encubierto del diario Página/12.
El cronista recuerda que aquella mañana del 23/01/1989, bien temprano, Carlos Saúl Menem fue informado en Mar del Plata, por Juan Bautista Yofre, quien era todavía entre jefe de prensa y consultor de inteligencia del presidenciable, que gente que había participado del ERP eran los atacantes en La Tablada. Yofre contaba con información precisa recopilada por aquellos días por, entre otros, Daniel Romero (hoy TotalNews) y Ricardo Solar Grillo, quienes todavía eran socios y amigos.
En cambio quien era Presidente de la Nación, Raúl Ricardo Alfonsín, fue informado que el ataque al BIM 3 era ejecutado por 'carapintadas', tal como lo afirmaban los volantes falsos arrojados por el MTP en su ingreso a la unidad militar.
Aún hoy sorprende la desinformación que rodeaba a Alfonsín. Facundo Suárez era el secretario de Inteligencia de Estado, famoso en esos días por su vínculo con Pablo Corman para la creación de Interpetrol, la importadora de crudo para YPF. Facundo era bueno para los negocios, pésimo para la información, evidentemente.
Habiendo padecido ya 3 alzamientos 'carapintadas' es inadmisible que Alfonsín no lograra tener información precisa acerca de los avatares en ese sector militar. La precariedad de la Unión Cívica Radical en la Administración del Estado ha resultado patética tanto con Alfonsín como, años después, con Fernando De la Rúa.
Celesia y Waisberg relatan los esfuerzos del general Gassino por lograr que Alfonsín revisara su información inicial. En la UCR, según ellos, sin embargo había gente como el por entonces jefe del bloque de diputados nacionales del oficialismo, César Jaroslavsky, que advertían que se trataba de un ataque perpetrado por gente de izquierda, no de derecha. Sin embargo, el diario paragubernamental La Razón, en su edición vespertina, tituló que era un ataque 'carapintada' porque era el enfoque ordenado por la Casa Rosada.
Aquel error informativo de la Administración Alfonsín incrementó el costo político adverso de toda aquella crisis que todavía se ignora cómo fue que se gestó porque a Gorriarán Merlo se lo creía más inteligente: su acción fue un obsequio al Ejército Argentino, que acumulaba desprestigio y disidencias internas, pero que entonces encontró un motivo para reunificarse y recuperar imagen positiva.
¿Gorriarán Merlo realmente creía que aún cuando hubiese debilidad institucional, el Estado no tenía herramientas para impedir la aventura imaginada por él? La izquierda argentina siempre ha sobrevalorado su propia capacidad, un narcicismo ridículo que la llevó a cometer enormes errores. Sin ir muy lejos, en 2013 el kirchnerismo no peronista o sea la porción de la izquierda que accedió al poder gracias a los Kirchner, está siendo desalojada porque no evaluó el previsible fracaso de las iniciativas ejecutadas entre diciembre de 2011 y julio de 2013, cuyo resultado era obvio: se estrellarían montados en las consecuencias de la economía inflacionaria.
Celesia y Waisberg intentaron reconstruir la arenga de Gorriarán Merlo a quienes serían los infortunados atacantes del Regimiento, acantonados en 2 casas-quintas en el Gran Buenos Aires. La idea de que "el golpe está a la vuelta de la esquina" delata la burbuja en que vivía el líder del MTP; la advertencia de que era "el último tren de la historia" al que había que subir anticipó el descarrilamiento. De regreso al comienzo: ¿era tan torpe o hubo algo más detrás de toda la tragedia?
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