Con el nombramiento, en tiempos récord, del nuevo presidente del IOR Jean-Baptiste de Franssu se pone en marcha la llamada "fase 2" de la reforma del "banco vaticano" (consigna mediática que sirvió para justificar el relevo del presidente Ernst von Freyberg, de la Soberana Orden de Malta, tras solamente 18 meses de gestión). Pero se vienen otras reformas, con la excusa de los presupuestos elevados.
Andrea Tornielli. "(...) el primer dato significativo y evidente que surge de la conferencia de prensa en el Vaticano es el fuerte papel del cardenal George Pell (foto). El "súper-ministro" de las finanzas vaticanas, encargado de la nueva Secretaría para la Economía, a pocos meses de su llegada al Vaticano, ha consolidado su rol y logró que resultara como una decisión vinculada a la normal administración del Instituto el relevo en la presidencia del "banco vaticano"."
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Hay que leer el final de una crónica del vaticanista Andrea Tornielli acerca de los cambios en el teocrático Estado pontificio:
"(...) La presidencia de Ernst von Freyberg estuvo marcada por las asesorías externas (que costaron, según los resultados financieros apenas presentados, más de 8 millones de euros más con respecto al año anterior), la comisión referente COSEA también pidió otras asesorías y otras más se anuncian para la reforma del sistema mediático vaticano, con la creación de un grupo de «senior international experts» que en un año deberá presentar un proyecto.
El objetivo es el de racionalizar la administración de los medios que existen y ahorrar (hay cuentas millonarias por sanar), después de años en los que la comunicación se ha convertido en algo crucial: la Secretaría de Estado cuenta con el propio “advisor” en material de comunicación, el IOR tiene una oficina de prensa (encomendada a una sociedad internacional, CNC).
El cardenal Pell, en la conferencia de prensa, recordó que los medios vaticanos llegan al 10% de la población católica del mundo, dando a entender que todavía hay mucho trabajo pendiente. (...)"
Por lo tanto, ahí llega la próxima reforma en la estructura vaticana.
El inicio de ese contenido deja en evidencia 3 cuestiones:
> El Vaticano quiere dejar en claro que discrepa con la gestión del presidente saliente del IOR.
> El hombre fuerte de la Economía vaticana elegido por Jorge Omar Bergoglio como papa Francisco es el cardenal australiano George Pell.
> Hay que seguir con atención los movimientos del VAM (el nuevo “Vatican Asset Manager”), que se ocupará de las grandes inversiones financieras del Vaticano.
Por lo demás, lo que queda de la crónica:
"(...) el primer dato significativo y evidente que surge de la conferencia de prensa de esta mañana en el Vaticano es el fuerte papel del cardenal George Pell. El “súper-ministro” de las finanzas vaticanas, encargado de la nueva Secretaría para la Economía, a pocos meses de su llegada al Vaticano, ha consolidado su rol y logró que resultara como una decisión vinculada a la normal administración del Instituto el relevo en la presidencia del “banco vaticano”.
Como se recordará, la desingación de von Freyberg llegó después de unlarguísimo proceso de selección (y la sensación era que algunos eclesiásticos, así como la dirigencia del viejo IOR, no tenían ninguna prisa para nombrar al sucesor de Ettore Gotti Tedeschi, defenestrado en mayo de 2012).
El Vaticano, al inaugurar entonces el periodo de asesorías, encomendó a una sociedad internacional que seleccionara a la persona adecuada. El perfil del nuevo presidente, esta vez, fue definido con mucha rapidez, gracias al hecho de que de Franssu jugaba en casa: había sido miembro de la COSEA, la comisión referente para el estudio de los problemas económicos y administrativos de la Santa Sede, es miembro del Consejo para la Economía y tiene vínculos con otros de las piezas fuertes del Consejo, su vice-coordinador, el maltés Joseph F.X. Zahra. Y ambos están relacionados con Pell.
¿Qué pasará con el IOR? Un (pequeño) banco, dedicado a los clientes y a las transacciones de dinero de los institutos religiosos, absolutamente transparente en materia de lucha contra el lavado de dinero, sin esas zonas oscuras que lo hicieron tristemente famoso.
Hay que reconocer que Ernst von Freyberg siguió hasta sus últimas consecuencias el proceso hacia la absoluta transparencia. Aunque demasiado a menudo en el Vaticano se ha creído y se cree que el problema del Instituto para las Obras de Religión consiste en su “mala fama”, en su incapacidad para comunicarse. Sin embargo, los problemas eran y son muy diferentes, como han indicado las investigaciones judiciales y las asesorías externas.
En la conferencia de prensa de esta mañana se dijo que el IOR se ocupará cada vez menos de las inversiones (pues se decidió crear la figura del VAM, el nuevo “Vatican Asset Manager”, que se ocupará de las grandes inversiones para que fructifiquen los capitales de las instituciones del Vaticano), pero von Freyberg, al responder a una pregunta sobre la “renuncia acordada”, dijo que él sale del Instituto porque no es un experto en inversiones, característica profesional requerida para el nuevo presidente. Y, en efecto, de Franssu es un experto en materia.
Y uno podría preguntarse, ¿por qué se necesita un experto en inversiones, si el nuevo IOR ya no se ocupará de ellas (y podría ocuparse de “liquidar” esa sección)? Es probable que alguna cosa no haya funcionado en estos 18 meses de presidencia de von Freyberg: tal vez el abogado y empresario alemán, nombrado después del anuncio de la renuncia de Benedicto XVI, no se integró lo suficiente en ese singular ambiente que es la Curia romana.
El resultado evidente del cambio en la presidencia del Instituto es la consolidación de un equipo y de una especie de tutela, a distancia, por parte de la secretaría para la Economía de Pell sobre el Instituto mismo, a pesar de qu esiga con vida la comisión de vigilancia, que ha adquirido un nuevo miembro, y de que haya sido nombrado casi por completo (faltan solo dos nombres) un nuevo consejo de laicos completamente nuevo. El futuro prevé, como dio a entender el cardenal Pell, que se cree también para el “banco vaticano” un consejo en el que tengan la misma dignidad los cardenales y los laicos.
Algunos han indicado, en la conferencia de prensa, la ausencia de italianos en el nuevo organigrama. Pell precisó que habrá un italiano en el nuevo consejo. Lo que es cierto es que con la creación del “súper-ministerio” económico y con la reforma anunciada hoy se toma la vía de la desitalianización de algunas instituciones financieras de la Santa Sede, debido a los resultados no siempre satisfacientes por parte de los administradores italianos, como demuestran, una vez más, las investigaciones de los magistrados. Más allá del relevo, hay que esperar que mejoren las relaciones con la Banca de Italia y con las instituciones de vigilancia financiera italianas. (...)".
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