Las imágenes que escandalizaron en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires fueron producidas por el Grupo Post-Op de las españolas Urko y Majo Pulido. Al rescate del bochorno salió el diario K Página/12, quien entrevistó a las jóvenes para que hicieran su descargo. Ellas insisten en que la pornogrofía feminista que produce el posporno es cultura.
Imagen del taller organizado por Post-op en el marco del proyecto Yes we fuck!
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El periodista de Página/12, Sergio Kisielewsky, se esforzó por destacar que es la pornografía feminista exhibida en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires es arte y cultura. Él destacó que Urko y Majo Pulido estudiaron Bellas Artes en España y que con su Grupo Post-Op "mostraron su obra en el Museo Reina Sofía, en el Museu de Art Contemporani de Barcelona y el Centro Pompidou de París". A Ciudad de Buenos Aires llegaron en junio para participar de la Bienal de Performance, en la Casa del Bicentenario (Riobamba al 900) y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
Urko: –No hay una discusión cerrada sobre el término, pero para nosotras es una reacción de ciertos feminismos relacionados con feminismo pro sexos, feminismos queer o transfeminismos, una reacción ante la toma de conciencia de que el porno comercial o el porno mainstream es un porno que está perpetuando los estereotipos de sexo de género, nos está diciendo qué es lo que es sexo, qué es lo que no, cómo deben ser los cuerpos de los hombres y las mujeres, nos está hablando también de un sistema binario y nos habla de un montón de cuerpos que aparecen invisibilizados dentro de la publicidad comercial. Ante esto podemos tomar una posición abolicionista, pero nuestra posición es mucho más práctica: tal como decía Paul Preciado, la pornografía es un arma demasiado poderosa para dejarla en manos de otros; entonces apropiémonos de esta arma, apropiémonos de estos medios de producción y generemos nuestro propio porno, generemos un nuevo imaginario que hable de otras prácticas y de otro cuerpos más cercanos a nuestros intereses. El posporno está hecho en primera persona por quienes hasta ahora estábamos invisibilizadas o mostradas de un modo comercial, es decir, marimachos afeminados, personas con diversidad funcional, personas gordas o transmasculinas o transfemeninas, por ejemplo.
(...) –Ustedes hablan de la resexualizar el espacio público, ¿de qué manera?
U.: –Desde hace unos diez años, las políticas sobre el espacio público han comenzado a ser súper restrictivas, sobre todo en la ciudad donde más nos movemos, que es Barcelona.
–¿En qué sentido?
U.: –El espacio público ya no es un espacio de goce y de disfrute ni es un espacio en el que tú puedas intervenir, es un espacio de paso, de consumo, de shopping, hecho para los turistas europeos, norteamericanos. Por ejemplo, en los parques no se puede cocinar, no se puede beber, no se puede tocar ningún instrumento, no sirve para nada así el espacio público. Todo tipo de intervención artística en el espacio público está totalmente controlada y sólo puedes ver arte en los espacios donde pagas por ello, solamente puedes consumir y beber donde también pagas por ello.
M. P.: –La idea es limpiar la ciudad convertirla para el turista, han eliminado toda forma de prostitución.
U.: –Las trabajadoras sexuales no pueden trabajar en la calle y nuestra estrategia de resexualizar la ciudad es a través de distintas prácticas, como el ecosex o el urbasex.
–¿Qué significa?
U.: –Ecosex significa intentar tomar los parques y jardines y hacer prácticas más o menos sexuales con toda la naturaleza o con tus amigas y la naturaleza. El ecosex es una estrategia ecologista, es un planteo que dice que, si hasta ahora hemos considerado a la naturaleza como la madre tierra, ahora vamos a pensarla como nuestra amante, con alguien que podamos disfrutar sexualmente con algo pactado. De alguna manera vamos a cuidar más el planeta... Nos parece una buena manera para resexualizar los espacios públicos. Cuando dices que eres ecosex no estás diciendo que eres hombre o mujer ni la genitalidad que tienes, sino que te gusta disfrutar con la naturaleza, que te gusta tener prácticas con la arena, con el mar tener conciencia del calor, del frío, puedes compartirlo...
–¿Se habla de sexualidad como una creación artística entre lo público y lo privado?
U.: –Nuestra sexualidad la vemos como una práctica artística, no hay una línea tan marcada entre lo público y lo privado. Para nosotros es fundamental politizar lo privado, nuestra sexualidad, sacarla a la luz. Lo personal es político.
–Y el tema del pudor, ¿cómo se incluye en esa práctica?
U.: –Nosotras no estamos pensando en quién nos ve, hemos llegado a tener suficiente empoderamiento al momento de hacer cualquier acción en el espacio público para sentirnos libres y no pensar en el otro. El tema del pudor es que esto no ocurre de un día para otro; para que una persona se sienta empoderada y fuerte para mostrar su sexualidad en un espacio público hay que crear espacios y posibilidades para esos cuerpos.
(...) –¿Cómo se manifiesta lo que ustedes denominan acción directa?
M. P.: –Nosotros éramos posporno antes de conocer la palabra posporno y antes de crear el colectivo de Post-Op. A veces hacemos acción directa sin darnos cuenta porque es nuestra manera de vivir, y otras veces hacemos acción directa planteada como una manera de crear activismo, intervenciones a través de la creación artística, que es de donde venimos.
–¿Cómo son las instalaciones que realizan en el plano artístico?
U.: –Nosotras llevamos doce años como activistas algo que empezó como performance, porque nos parecía fundamental llevar toda esa serie de inquietudes en cuanto a los cuerpos que no encajan, en cuanto a las identidades que se salen del sistema binario hombre-mujer, lo que sería las sexualidades disidentes.
M. P.: –Todas estas inclinaciones estaban en lo académico o en lo alternativo en centros sociales o en lo institucional o en lo más under y no se conectaban, y nosotras habíamos estudiado Bellas Artes.
–Una mixtura...
U.: –Empezamos con un grupo de performance y lo ampliamos con video, creaciones, instalaciones, intentamos sexualizar espacios tanto teóricos como espacios nocturnos de fiestas. Trabajamos mucho con las prótesis, sexualizar cualquier tipo de objeto, y lo que hacemos es invitar a la gente que viene a esa fiesta, a la presentación de un libro, a jugar en ese espacio con nosotras.
–En una sociedad que privilegia el lucro y la manipulación del deseo en gran escala, ¿cómo sienten que es recibida su propuesta?
M. P.: –El sistema no sólo regula los cuerpos, sino que regula las prácticas y es perverso, nosotros formamos parte de lo monstruoso... de todo lo que no encaja. Nosotros nos reivindicamos desde lo monstruoso, como monstruas empoderadas que les gusta mostrar su sexualidad, como monstruas deseables y deseantes. Para nosotros es importante nombrarnos desde el insulto, por eso utilizamos la palabra tullido marimacho, es importante apropiarnos del insulto para que pierda su poder como insulto, nombras desde ahí y pierde su connotación negativa.
–Insisto, ¿cómo sienten que repercute en el que ve la acción directa o las performances?
U.: –Genera confusión, que es lo que nos interesa. Si los cuerpos que se ven son cuerpos trans, que no encajan en un sistema femenino-masculino, te genera cierto desasosiego, porque no puedes catalogarlo, y te hace plantearte hasta qué punto esas categorías que te han vendido como verdaderas e inamovibles son ciertas, y cuestionarte también tu propio deseo.
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