Difícil estar en el triste papel de la fiscal Viviana Fein: no tuvo el coraje de definir si Alberto Nisman se suicidó o lo mataron, y ahora la coyuntura política va en contra de la teoría que hubiese querido imponer, la del suicidio. El muy posible triunfo electoral de Mauricio Macri dejará trastabillando todo el trabajo de Fein. Sin duda, es una reflexión adecuada para el inicio de la lectura del texto de Daniel Santoro, "Nisman debe morir - La trama secreta de Cristina Kirchner, el pacto con irán y la muerte violenta del fiscal". Interesante reproducir un fragmento del libro: el capítulo que lleva el título "Angustiado por el abandono se Stiuso y las amenaza K, Nisman pide un arma".
"(...) Resultó extraño que Nisman no fuera a buscar su Bersa semiautomática 22 o la Rossi 38 que estaban en la casa de su madre. Un informe del Registro Nacional de Armas señala que Nisman "no poseía autorización para la tenencia de arma, en ninguna de las categorías". En cambio, sí era dueño de una "pistola semiautomática Bersa calibre 22" que fue hallada en la baulera de la casa de su madre, y tuvo un revólver mara Rossi calibre 38, que transfirió a otra persona a mediados de junio de 2009. Nisman había re empadronado la pistola calibre 22 en octubre de 1993 y desde entonces no había renovado la documentación. (...)"
por DANIEL SANTORO
El viernes a las 6 de la madrugada Nisman llamó a su secretaria Felicitas Mas Feijó para preguntarle: “¿Cómo me fue anoche en el programa de TN?”, lo que demostraba su obsesión por salir bien en los medios de comunicación. Le contestó que muy bien y le dijo que tenía una mala noticia: un dirigente kirchnerista había presentado una denuncia en su contra. Nisman se rió, confirmando el buen humor en que se encontraba pese a que estaba muy ansioso y dormía poco. Con tranquilidad, le pidió a su secretaria que le mandara unos documentos a su departamento y 8 resaltadores amarillos. Todo como si no estuviera en medio de la mayor tormenta política de su vida.
Al mediodía Nisman se fue de su oficina, ubicada en Hipólito Yrigoyen 467, séptimo piso, frente a la Plaza de Mayo hacia su departamento en la torre Le Parc de Puerto Madero para preparar el informe que debía dar el lunes en el Congreso.
Ese día de turbulencias políticas, el ex ministro de Seguridad de Scioli y fiscal Carlos Stornelli lo llamó sorpresivamente a Nisman y le preguntó en broma:
-Alberto, ¿tu jefe se volvió loco? –en alusión a Stiuso y a la teatralidad y voltaje con que había presentado la denuncia. Se permitió esa broma porque se conocían de los tribunales desde 1993. No eran amigos por habían trabajado juntos casos como el pago de la SIDE a Carlos Telleldín en la causa AMIA.
-No, hace más de 20 día que no veo a Stiuso y tampoco lo consulté. Tengo mucha prueba respaldatoria. No puedo guardarla más. No sé cómo va a terminar esto.
Stornelli lo había llamado por curiosidad desde Pinamar, donde pasaba sus vacaciones. Le ofreció “no una ayuda sino una colaboración, por si necesitaba tener copia de seguridad de algunas pruebas”, recordó Stornelli a este autor. Sabía de qué hablaba Stornelli. Había guardado en una caja fuerte una copia de las prueba contra Menem en la causa por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia, por las dudas.
Nisman aceptó la oferta y quedaron en verse en febrero, a su regreso de las vacaciones: “Mi percepción es que estaba asustado, pero no me lo dijo”, agregó. Stornelli cortó y se quedó con la sensación de que Nisman “sabía de alguna manera que lo aguardaba un destino fatal”. En esos días también habló Bronfman, y le reconoció que “estoy extremadamente solo”, sobre todo sin el apoyo de Stiuso.
Luego Nisman llamó a su secretaria letrada, Soledad Castro y tomó varios pocillos de café y agua mineral. Cuando trabajaba comía generalmente galletas de arroz. Castro era la abogada de más confianza. Estaba trabajando sobre la exposición que debía dar el lunes en el Congreso, con las cortinas bajas por seguridad. Ella miró las cortinas y él contestó con bronca: “Mira cómo tengo que trabjar”.(44) Desconectaba todos los celulares para concentrarse en el trabajo. Los encendía cada dos horas para ver si le había llegado una novedad importante. Castro le había llevado tres sobres cerrados y un listado con diez preguntas que suponía le iban a hacer el lunes en la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados, además de artículos periodísticos. Como primera medida, Nisman le mandó un oficio a Gils Carbó pidiendo permiso para explicar a los legisladores su denuncia a puertas cerradas. Esta vez, Gils Carbó no contestó, con lo que di o su aprobación táctica. En el 2013, en cambio, le había negado los fondos para exponer su denuncia de la red terrorista iraní en América Latina al Congreso de los EE.UU.
Uno de los sobres contenía la orden del juez Canicoba Corral que autorizaba las escuchas sobre Khalil y las sucesivas prórrogas de la medida, tema que le había criticado el Gobierno como malicia.
“Voy a llamar a [la diputada nacional] Patricia Bullrich para que me asegure que la exposición sea secreta”, le dijo Nisman a Castro. Bullrich, como presidenta de la Comisión de Legislación Penal, había convocado a una reunión a puertas cerradas para el lunes a las 15, pero los kirchneristas querían que fuera abierta.
La convocatoria a Nisman sumó, además, la firma de la diputada del PRO, Laura Alonso. Tenía también el apoyo del presidente del bloque de diputados radicales, Mario Negri. Bullrich dijo a este autor que quería un encuentro secreto para poder revelar los nombres de los agentes de la SIDE sin violar ninguna ley y que “tenía otras pruebas” que superaban a las que estaban en su denuncia. (45) Hasta ahora no se pudo determinar qué tipo de pruebas eran, es decir si eran nuevas o si se trataba solo del nombre del espía Bogado que hasta ese momento no había revelado. EL ambiente político estaba muy tenso. “Tiene que ser secreta para que pueda dar más pruebas de lo que ya conté en el reportaje en Todo Noticias”, le agregó Nisman a la diputada de Unión por Todo- Pro. Como al principio le notó ansioso, le recomendó que hablara en los medios más lentamente porque parecía que lo hacía a los “borbones” y que bajara unos decibeles.
Sucede que la diputada ultra K, Diana Conti, había parafraseado una declaración del fiscal a TN del jueves a la noche y le contestó con una ironía de mal gusto: “Le decimos a la hija de Nisman que se quede tranquila, que no vamos a agredir a su papá Nisman que se quede tranquila, que no vamos a agredir a su papá pero vamos a ir con los tapones de punta”. En conversación con radio La Red, Conti Indicó: “Lo que hemos decidió desde el Frente para la Victoria es concurrir la mayor cantidad de integrantes posibles del bloque, no para escuchar sino para hacerle preguntas a Nisman. Hemos preparado sobre el tema una serie de inquietudes y queremos que públicamente nos conteste”.
EL kirchnerismo quería atacar duro a Nisman también en el Congreso, luego de las conferencias de prensa de Timerman y del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. A tal punto era la furia de Cristina, que Julián Domínguez, presidente de la Cámara, regresó de sus vacaciones en la Costa para tratar de dar vuelta la orden de Bulrrich y que la exposición fuer pública. Los diputados del Frente para la Victoria ya habían convocado a la prensa a “cubrir la reunión” con Nisman a partir de las 10, cinco horas antes del inicio, y varias agrupaciones K habían convocado a una protesta frente al Congreso.
Paralelamente, Nisman llamó al ex director de Análisis de la SIDE, Alberto Mazzino, para decirle insistentemente que quería hablar con Stiuso en forma urgente. Lo había llamado varias veces y no le contestaba. Mazzino le comentó que Stiuso tendría que haber vuelto ya de sus vacaciones. Nisman le preguntó que sabía qué opinaba Stiuso de su denuncia por encubrimiento. (46) Mazzino no lo notó deprimido ni nada. Solo soy muy ansioso y le comentó:
-Tocayo, ¡qué quilombo que armaste!
-Lo tenía que hacer sí o sí. Una fuente desde adentro de la Procuración General me dijo que me iban a sacar de la UFI AMIA.
-¿Estás seguro de la denuncia que hiciste?
-Sí, estoy seguro. ¿Sabes qué opinan de mi denuncia Stiuso y Larcher?
-Con Larcher no hablo desde el 16 de diciembre. Jaime me dijo nada de tu denuncia en sí, pero está molesto por los comentarios de Aníbal Fernández.
Resulta raro que en medio de esa convulsión política, Stiuso no le haya dicho nada de Mazzino por la denuncia de Nisman.
Le pide consejos a su custodio de confianza sobre qué arma comprarse.
Luego de 15 años al servicio de Nisman como su chofer-custodia, el sargento de la Policía Federal, Rubén Fabián Benítez, nunca había entrado al departamento del fiscal. A lo sumo había llegado, por la puerta de servicio, a la cocina. Además, Nisman era muy exigente con los diez custodios que tenía asignados por la división Seguridad y Custodia del Ministro Público Fiscal y de la Defensa de la Nación, hasta en ocasiones llegó al maltrato verbal. En el 2013, Nisman había pedido cambiar otra vez a varios miembros de su custodia, entre gritos e insultos, al comisario Eduardo Soto. Este llamó a la secretaria de Cooperación con los Poderes Judiciales, Ministerios públicos y Legislatura del Ministerio de Seguridad, la ex fiscal Cristina Caamaño y le contó lo que había pasado. Al rato lo llamó Nisman para preguntarle que le había dicho a Caamano y se preguntó:
-¿Qué le pasa a este conchuda? ¿Está mal cogida? ¡No sabe con quién se está metiendo! (47)
-Solo le dije que usted siempre tiene problemas con su custodia –precisó el comisario, mordiéndose la lengua.
-Mire, cualquier problema que tiene lo habla con la presidenta Cristina Kirchner –dijo Nisman, enfurecido y cortó la conversación.
Pero el sábado 17 de febrero del 2015 tuvo un trato amable con sus guardaespaldas. Luego de darles permiso para ir a almorzar, Nisman –que hacía dos noches que dormía mal por las presiones del Gobierno tras su denuncia- invitó al sargento Benítez a entrar a su departamento del piso 13 de las torres Le Parc ubicadas en Azucena Villaflor al 450. Antes había suspendido un almuerzo en la casa de su madre. A Benítez lo dejó ingresar, por primera vez, al living. El sargento estaba sorprendido. Sabía que al “que al doctor le saltaba la térmica” y era capaz de “insultarlo, pedirle que lo arresten o le cambien el destino”. Nisman tomó la revista Notacias que se encontraba en una mesita, la agitó en el aire y le comentó: “¿Vio esto?, les voy a romper el culo, los voy a hacer mierda, pero pase, pase”. La revista contaba sus contactos con Stiuso y el alto nivel de vida que ostentaba en Puerto Madero. Lo hizo sentarse en u n sofá y “desencajado” le reveló:
-Benítez, me quiero comprar un arma, ¿usted qué me recomienda? A mí me dijeron que comprara un revólver.
-Doctor, no le aconsejo un revólver por la escasa capacidad de tiro, pero le recomiendo una pistola, marca Bersa, modelo Thunder o una modelo 380.
-¿Me la puede comprar usted a su nombre y me la deja a mí? Cualquier cosa dice que se la olvidó en el auto…
-No, doctor. Un arma no es un auto. Solo la usa el propietario. Yo no me arriesgo. SI quiere, le averiguo el precio y cómo es el trámite de portación.
-Sabe lo que pasa, yo la necesito para tenerla en el auto, yo sé que ustedes están atentos, pero alguien los puede chocar y distraerlos y a mí me vienen a agredir, entonces es para repeler. ¿Entonces, usted me la podría comprar?
Benítez le explicó los trámites para comprarla y Nisman le pidió si le podía “averiguar eso el lunes”. También le solicitó “reserva absoluta”. Incluso unas horas más tarde, cuando el custodio llamó a su puerta acompañado por el sargento Durán, el fiscal, sin abrir, le preguntó con quién estaba y, al enterarse, les ordenó que se retiraran al estacionamiento. Luego le recordó a Benítez que no se olvidara de “averiguar eso”; en referencia al arma.
Agobiado por las amenazas de Quebracho, le pide un arma a Lagomarsino
Nisman llamó a Bullrich también el sábado “tres o cuatro veces” y le preguntó si había leído que Esteche iba a ir al Congreso. “Puede ir pero no va a poder entrar a la Sala de Audiencias”, le contestó. SE referían al líder de Quebracho, Fernando Esteche, conocido por las protestas violentas de su organización. Bullrich era la responsable de los ingresos y egresos al salón Uno del Anexo de Diputado donde iba a ser su exposición. El kirchnerismo le había negado el salón C que es más grande.
En la última conversación, Bullrich le dijo que garantizaba su seguridad, pero le advirtió que “algún insulto, alguna puteada de los kirchneristas se va a comer”. Luego le preguntó si iba a concurrir Larroque. “Sí, puede ir como cualquier diputa… Como presidenta de la Comisión voy a ordenar las preguntas, van a preguntas todos los diputados, puede ser muy larga la reunión, usted va a estar resguardado, vamos a poner orden y va a tener seguridad”, declaró Bullrich. (48) Incluso, Bullrich habló con su colega del Pro, Cornelia Schmidt Liernan y con el presidente de su bloque, Federico Pinedo, para ultimar los detalles de la reunión con Nisman.
“Sabíamos que iba a haber varias manifestaciones de algunos grupos, entre ellos Quebracho, para frenarle a Nisman la llegada al Congreso contó Schmidt. “A partir de las 10 de la mañana el Frente para la victoria iba a tomar la sala donde se iba a presentar Nisman. EL dilema iba a estar complicado. Por eso decidimos con Bullrich que yo lo pasara a buscar con mi auto. Como soy de bajo perfil, soy menos conocida, con mi auto con oblea del Congreso y mi carnet de diputada, iba a ser más fácil atravesar los cortes policiales y la concentración de los kirchneristas” precisó Schmidt Lierman.
A las 16.25 del sábado, Diego Lagomarsino recibió un llamado de Nisman en su casa ubicada en la calle Moseñor Larumbe al 3500 en la localidad bonaerense de Martínez, partido de San Isidro, y le pidió que lo fuera a ver urgente a su departamento en Le Parc. Al llegar, dejó afuera estacionada su camioneta Ford Ranger negra, se identificó en la guardia del lujoso complejo de Puerto Madero y Nisman lo hizo entrar. Subió con uno de los custodios que se quedó en la puerta y volvió a bajar. “Para mí era Benítez porque todos los custodios de Nisman para mí se llamaban Benítez”, recordó luego. El técnico se sorprendió con los documentos esparcidos sobre la mesa del living, los ocho resaltadores amarillos que tenía en el centro y luego le preguntó “si pensaba que (la denuncia contra la presidenta) tenía más repercusión de la que había creído” y Nisman le contestó afirmativamente y agregó: “Tengo más miedo de tener razón que de no tenerla”. En el ínterin, un custodio llamó por la radio Nextel para preguntar si estaba todo bien y si había alguna orden. Como no contestaba volvió a preguntar si el fiscal lo “copiada”. Enojado, Nisman los increpó: “Sí, boludos, ¿Qué se creen, que soy sordo?”. Lagomarsino confirmó así como la custodia de Nisman se había relajado y el protocolo de seguridad lo imponía el “objetivo” y no los policías como sucede en los países organizados del mundo.
Luego se sentí en un sillón y sorpresivamente, le preguntó a boca de garro:
-¿Vos tenés un arma?
-Sí, pero ¿para qué la querés?
-En realidad, tengo miedo por las chicas.
-Pero Alberto, vos tenés custodia.
-Ya con confío en la custodia.
-Tengo un arma vieja, un 22, no sé de qué te va a defender.
-Es solo para llevar en la guantera, por si viene un fanático [del Gobierno] con un palo y me dice traidor hijo de puta. No voy a matar a nadie. Es para tirar al aire y que el tiempo se asuste mientras llega la custodia.
-La 22 que tengo no asusta a nadie. Es un arma tremendamente vieja.
-¿El único favor que te pido y no me lo hacés? ¿Vos sabes lo que es que tus hijas no te quieran visitar por miedo? –insistió Nisman, al borde del llanto.
-Está bien. Yo también soy padre –contestó Lagomarsino y se fue a su casa. (49)
El motivo para pedir la pistola es dudoso: en ese momento las hijas de Nisman estaban en Europa.
Mientras, desde su departamento del piso 13 de la torre Le Parc en Puerto madero, el sábado por la tarde seguía trabajando en el informe para el lunes. A tal punto que le envió al vicepresidente de la DAIA, Waldo Wolf, a través de WathsApp, a las 18.27 una foto de su mesa de trabajo. Allí se ven las hojas de la denuncia, carpetas celestes, 8 marcadores amarillos y 1 lapicera negra. Wolf lo había llamado para preguntarle a quién debían mandarle un pedido de levantamiento de secreto para que declarara Allan Bogado. Otra que le mandó un mensaje fue la modelo Melisa Giselle Engstfeld quien le preguntó si estaba nervioso y “vigilado” por su presentación ante el Congreso. “Estoy a full pero re tranquilo”, le contestó Nisman.
Minutos después llamó a su secretaria letrada Castro por unas consultas técnicas de último momento. Ya tenía un DVD para hacerles oír algunas de las escuchas a los diputados. Castro lo notó muy tranquilo e incluso le dijo a los con seguridad: “El lunes vamos con todo”. Quedaron en verse al mediodía del domingo para seguir trabajando.
A las 19, Lagomarsino recibió otro llamado de Nisman, que insistía con que le llevara el arma. Desarmó la Bersa 22 Thunder, que había encontrado en una casa de campo de la familia y la había re empadronado unos años atrás, para transportarla como ordena la ley. Lagomarsino tenía credencial de legítimo de usuario del Registro Nacional de Armas (Renar) para tenencia no para portación, aunque su licencia había quedado vencida en 2007. Por no tener portación, solo podía llevarla de un lado a otro desarmada.
En su mochila transportó desarmada la berza fabricada en 1962, envuelta en una franela verde, con “la credencial roja del arma, el título de propiedad”. Se registró en la entrada de Le Parc sin que nadie controlara su mochila. Entró nuevamente al departamento y se hizo un café en una máquina automática. Luego le enseño al fiscal “no lo iban a parar”. Le recomendó que no se “mandara una cagada”, y el fiscal contestó “no te preocupes, cuestión de semanas hasta que baje el clima”. Entonces, dejó la 22 sobre el brazo de un sillón, envuelta la franela verde con la promesa de que la iba a guardar en una caja fuerte.
Resultó extraño que Nisman no fuera a buscar su Bersa semiautomática 22 o la Rossi 38 que estaban en la casa de su madre. Un informe del Registro Nacional de Armas señala que Nisman “no poseía autorización para la tenencia de arma, en ninguna de las categorías”. En cambio, sí era dueño de una “pistola semiautomática Bersa calibre 22” que fue hallada en la baulera de la casa de su madre, y tuvo un revólver mara Rossi calibre 38, que transfirió a otra persona a mediados de junio de 2009. Nisman había re empadronado la pistola calibre 22 en octubre de 1993 y desde entonces no había renovado la documentación. Los jueces y fiscales tienen ventajas especiales para pedir permisos para portar armas pero Nisman nunca las había usado. A las 20.10 Lagomarsino salió del departamento pero por la puerta de enfrente y compartió ascensor con “cinco personas muy bien vestidas”. Algunas de las cámaras de seguridad registraron la salid a de Lagomarsino. Más Tarde, Nisman les ordenó a sus dos custodios de turno que llevaran el auto al garaje de la Fiscalía y se fueran de franco. Luego llamó al sargento Luis Muiño, el jefe de su rutina de protección para el domingo y le dijo: “un auto, Luis, para las 11 en mi casa y otro que se quede en guardia pasiva” en la sede de la Fiscalía sobre Hipólito Yrigoyen. Había pedido dos autos con cuatro custodios, lo que confirma la preocupación por su seguridad.
Angustiado porque Stiuso no le responde los llamados
Cada vez que prendía sus teléfonos, Nisman chequeaba quiénes lo habían llamado y decidía a quién contestarle. A la vez, llamó insistentemente a dos teléfonos Nextel de la flota de la SIDE que estaban a nombre de Stiuso. Uno lo respondía Mazzino y otro, alguien identificado como Héctor Goncalvez Pereyra, un expolicía que luego había trabajado en la seguridad del Grupo Excel del enigmático empresario Juan Navarro. Los investigadores sospechan que Goncalvez triangulaba llamada para Stiuso o era informado por Miño –quien también hacía horas extras custodiando a Navarro- sobre los movimientos del fiscal.
Ni el viernes, ni ese sábado Stiuso contestó sus llamadas, según sus propios dichos. Por lo menos, tres veces Nisman llamó a Stiuso ese sábado. Pero el ex espía dijo luego que no había oído la llamada porque “tenía el volumen bajo” debido a las llamada de los periodistas que lo querían consultar por su remoción de la SIDE en diciembre. El número de Nisman lo tenía agendado bajo el Nombre “ministro”.
Sin embargo, esa noche Stiuso sí le contestó una llamada a Mazzimo, su ex director General de Análisis, quien le dijo: “Che te está llamando insistentemente Alberto”. “Sí, debo tener llamadas de Alberto. Ya sabes todos los quilombos que tengo en este momento. El algún momento llamaré”.
La negativa de Stiuso a responder las llamadas de Nisman podría deberse a que le espía estaba en contra de incluir en la primera denuncia a la presidenta y no quería quedar pegado con el fiscal en ese momento en que la nueva SIDE lo espiaba a él. Una fuente de inteligencia K afirmó que, en realidad, Stiuso le respondió llamadas a Nisman por un número de teléfono “seguir”, quien le pidió reiteradas veces que no lo dejara solo luego de haber formulado semejante denuncia contra la Presidenta.
En cambio, él es experto informático del Ejército, la SIDE y la Policía de Seguridad Aeroportuaria Iván Velázquez dijo que no le contestó porque Nisman no había aceptado su sugerencia de no incluir a la presidenta y por eso estaban enojados. De todos modos, Velázquez es un enemigo se Stiuso, quien lo denunció ante la jueza Arroyo Salgado como miembro de una supuesta “asociación ilícita” para pinchar mails. Velázquez, procesado por Arroyo Salgado, luego se debió exiliar en Montevideo.
La respuesta de Stiuso del volumen bajo para tratar de justificar por qué no le respondió es más que ingenua. Ese día Nisman era el hombre más importante del momento político en la Argentina. El fiscal, seguramente, habrá sentido que Stiuso, el apoyo más importante que había tenido desde el 2004 hasta el momento, había llegado a un acuerdo con el kirchnerismo y lo había dejado solo, presionado al extremo por el Gobierno, amenazado y ansioso. Antes de la medianoche tomó pequeñas dosis de dos ansiolíticos, Clonazepan y Alprozalam, (50) y no se sabe si durmió, se acostó de a ratos o estuvo despierto.
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44. Testimonio de la doctora Soledad Castro, incorporado a la causa al que accedió el autor.
45. Entrevista del autor con la diputada Bullrich, realizada en su despacho del Congreso el 22-7-2015.
46. Testimonio de Alberto Mazzino en la causa, al que accedió el autor.
47. Diálogo tomado de la testimonial de Eduardo Soto que obra en la casa y a la que accedió el autor.
48. Testimonio de Bullrich ante la Justica y entrevista con el autor ya citada.
49. Diálogo reconstruido en basa a la testimonial de Lagomarsino y a una entrevista realizada por el autor el 16-7-2015,
50. Datos tomados del informe toxicológico que se encuentra en la causa.
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Las autoridades chinas niegan que sus tropas hayan cruzado la frontera con la India en la disputada región de Ladakh. Anteriormente, desde Nueva Delhi señalaron que el Ejército chino realizó movimientos militares de provocación. El pasado mes de junio murieron 20 soldados indios en un enfrentamiento. via Videos de RT https://actualidad.rt.com/video/365077-china-niega-acusacion-india-traspasar-frontera?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=video
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