El precandidato republicano a Presidente para las elecciones de 2016 en USA, Donald Trump, llevó el debate sobre el Islam un paso más allá, directo hacia la xenofobia y el racismo, al proponer que se les impidiera la entrada al país a todos los musulmanes del mundo, y se llevara un registro gubernamental de los que son estadounidenses. Sus declaraciones le valieron una comparación con Adolf Hitler, acusación que él negó rotundamente.
"Cuando Trump vino por los mexicanos, no dije nada – ya que no soy mexicano. Cuando vino por los musulmanes no dije nada – ya que no soy musulmán. Después vino por mí…", publicó en tapa el New York Daily News, junto con una caricatura de Trump decapitando a la Estatua de Libertad.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Donald Trump, un vendedor nato que construyó una fortuna en el negocio inmobiliario, decidió aprovechar el humor social cercano al pánico luego del doble ataque terrorista que golpeó duro a Occidente -los atentados múltiples simultáneos en Paris el 13/11 que provocaron 137 muertos; y el tiroteo en el centro para discapacitados de San Bernardino, California, que acumuló 14 muertos- para relanzar su ambición presidencial.
Entonces, Trump difundió una diatriba anti-musulmana que incluyó su propuesta de prohibirle la entrada a USA a millones de personas que practican esta religión.
La realidad es que el problema del integrismo islámico radicado y surgido en Occidente es un fenómeno difícil de explicar, incluso para los especialistas en el tema. Mientras que intelectuales y desarrolladores de políticas públicas franceses y británicos se acusan mutuamente de poner en marcha iniciativas que desfavorecen la integración (el asimilacionismo francés por un lado, y el multiculturalismo británico por otro), y analizan exhaustivamente qué hacer para detener el esparcimiento del fundamentalismo (no todo el Islam es fundamentalista), en USA el precandidato a Presidente favorito entre los republicanos no pierde el tiempo y encapsula a todos los musulmanes bajo el rótulo de yihadistas.
Trump ya había mostrado su cara más oscura al insultar a hispanos y a un periodista discapacitado por su condición física durante un acto de campaña, antes de cruzar este nuevo límite.
Trump, “fanfarrón y narcisista”
Los medios estadounidenses y diversos actores políticos provenientes de todo el espectro, decidieron practicar la resistencia a un Trump desbocado que el británico semanario The Economist llama un “fanfarrón y narcisista", mientras que, a nivel internacional, el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU (Naciones Unidas) advirtió que la propuesta es “extremadamente irresponsable”.
La Casa Blanca sostuvo que la propuesta del precandidato presidencial lo “descalifica” para ejercer la Presidencia del país y el alcalde de San Petersburgo (Florida), Rick Kriseman, anunció que restringiría la entrada de Trump a esa localidad.
Pero nada frena a Trump, quien, subido al caballo de la islamofobia (el odio hacia los musulmanes), ha comprobado que sus dichos racistas tienen alto impacto en un universo de electores (principalmente ciudadanos blancos y sin educación universitaria, según The Economist).
Un estudio realizado por el PRRI (Instituto Público de Investigación de la Religión) mostró que el 56% de los estadounidenses cree que el Islam es opuesto a los valores y estilo de vida norteamericano.
Paradójicamente, otro estudio previo de la misma institución había mostrado que 7 de cada 10 estadounidenses apenas ha tenido interacción con musulmanes o no la ha tenido en su vida. Esto, según Foreign Policy, significa que sus percepciones sobre el Islam están siendo formadas principalmente por lo dicho en los medios de comunicación o en conversaciones políticas. Y es dentro de este rubro que las declaraciones de Trump han sido tan duramente criticadas, no solamente por lo que significan en sí mismas sino porque marcan la agenda y llevan la línea de lo moralmente aceptable un paso más hacia la xenofobia; marca que perdurará más allá de lo que dure la carrera política del exitoso comerciante.
Tensión creciente
Para la intelectual palestino-italiana Rula Jebreal (comentarista en el canal MSNBC), la carrera republicana por la candidatura se ha vuelto un “bullying xenofóbico” contra las minorías más vulnerables y menos representadas.
Empezando por las diatribas anti-mexicanos de Trump, cuando decidió acusarlos de ladrones, violadores y narcotraficantes, el foco ha virado últimamente hacia los musulmanes, a los que tanto Trump como otros candidatos se han dedicado a estigmatizar casi exclusivamente.
Según los especialistas en genocidios, estas situaciones raramente suceden de un día para el otro, sino que las antecede un largo período de devaluación del lenguaje, en que los nombres con que es legítimo llamar a un grupo étnico determinado se van volviendo cada vez más humillantes.
Otro republicano con buenas chances de ser candidato a presidente, Ben Carson, por ejemplo, se ha atrevido a comparar a los refugiados sirios con “perros rabiosos”.
Pero, definitivamente, fue Donald Trump quien llevó las cosas más lejos cuando propuso prohibirle la entrada a los musulmanes al país -prohibírsela incluso a los musulmanes estadounidenses que se encontraran de viaje por placer o por negocios- y crear un registro federal de los musulmanes que ya viven en el país, con el objetivo de llevar un seguimiento de sus actividades.
“Hasta que podamos determinar y entender este problema y la peligrosa amenaza que nos presenta, nuestro país no puede ser víctima de ataques horrendos por parte de personas que creen únicamente en la yihad”, explicitó Trump.
Las llamas del prejuicio, el odio y la violencia que están avivando estos candidatos son difíciles de apagar, una vez encendidas. Foreign Policy cita al Consejo de Relaciones Islámico-Americanas, que ha registrado un pico en amenazas y ataques a mezquitas y las comunidades musulmanas en todo al país en las dos semanas que siguieron al ataque de París. Las mezquitas de Texas se han vuelto imán para grupos de odio armados, sumamente peligrosos.
“Estos dichos cruzan la brillante línea roja de la incitación y el discurso de odio. Sin embargo, los medios los toleran y los muestran como legítimos, de algún modo –o hasta los tratan como modelos de políticas – porque sucede que la gente que los ofrece son candidatos a Presidente. Ese es un fracaso moral peligroso”, escribió Jebreal, criticando la manera en que los medios reflejan las aseveraciones de Trump y Carson.
Al tratar a Trump como simplemente otro candidato político más, cuyas ideas y propuestas son válidas y contemplables, le está dando una plataforma a un “racista peligroso” para difundir su “odio tóxico”, afirmó Jebreal.
Trump & Geobbels
“Cuando Trump vino por los mexicanos, no dije nada – ya que no soy mexicano. Cuando vino por los musulmanes no dije nada – ya que no soy musulmán. Después vino por mí…”, publicó en tapa el New York Daily News, junto con una caricatura de Trump decapitando a la Estatua de Libertad.
La frase se refiere al sermón "¿Qué hubiera dicho Jesucristo?", pronunciado en la Semana Santa de 1946 en Kaiserslautern (Renania-Palatinado, Alemania), por el pastor luterano Martin Niemöller sobre la cobardía de los intelectuales alemanes que no le hicieron frente a los nazis: "Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.”
(Este texto se atribuye de forma errónea, en muchos idiomas, al dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht.)
La frase muestra que el totalitarismo tiene una forma de avanzar que ataca primero a minorías, algo que puede ser apoyado por las mayorías inconscientes de que la ideología totalitaria tarde o temprano los terminará persiguiendo también a ellos.
Max Paul Friedman, profesor de Historia de la Universidad Americana y autor del libro “Los nazis y los buenos vecinos” comparó en el New York Daily News la campaña propagandística anti-semita que realizó Joseph Goebbels (basado en el principio de que si se repite una mentira lo suficiente, se convertirá en una verdad por consenso), que preparó los cimientos para la posterior masacre, con las insistentes denuncias de Trump de que los musulmanes de Nueva Jersey festejaban cuando fueron los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el 11/09/2001. No es verdad.
En la misma dirección apuntó el Philadelphia Daily News, que mostró a Trump en una de sus tapas, con un brazo izquierdo extendido (pose accidental en la que pareciera que estuviera haciendo el saludo nazi, algo no planificado pero que el periódico aprovecha para aludir a su punto) y el titular: “The New Furor” (traducido literalmente es “el nuevo furor”, pero en la pronunciación en inglés, “furor” suena casi como “führer” -palabra en alemán que usada en otro idioma suele referirse a Adolf Hitler-).
Esta acusación fue refutada por Trump quien no se echó para atrás sobre esta idea a pesar de las críticas que recibió y manifestó que la medida se justifica porque Estados Unidos está en guerra contra el extremismo islámicoa pesar de que el actual presidente Barack Obama se niegue a aceptarlo. Sin esta acción drástica, advirtió Trump, habría más “World Trade Centers” (atentados como el que hubo en contra las Torres Gemelas en 2001).
Europa piensa alternativas
Los dichos de Trump son el emergente más oscuro de una preocupación que es real tanto entre los ciudadanos estadounidenses como entre los europeos: el fenómeno del integrismo islámico nacido, crecido y desarrollado en casa. ¿Por qué sucede? ¿Cómo lidiar con él?, se están preguntando distintos especialistas a nivel mundial.
Mientras Trump, encuentra una respuesta fácil a preguntas complejas, otros se preguntan qué hacer si no sabemos exactamente cómo y por qué algunos jóvenes occidentales son seducidos a unirse a la yihad (proceso que se está estudiando exhaustivamente), y paradójicamente ellos son las primeras víctimas del terrorismo islámico.
Para Trump, cualquier musulmán equivale a un potencial yihadista, sin importar quién sea ni cual sea su relación con la religión o de dónde provenga. Pero su visión sesgada no toma en cuenta que muchos de los jóvenes que se abocan a la yihad son conversos recientes al Islam o creyentes que se han reencontrado hace muy poco con su fe.
Según Kenan Malik, de la revista Foreign Policy, hay algunos mitos que deben ser derribados de manera urgente si queremos pensar políticas efectivas para luchar contra el radicalismo.
“¿Qué es lo que atrae a miles de europeos jóvenes hacia el yihadismo y la violencia? ¿Qué es lo que ha llevado a 4.000 a viajar a Siria a pelear por el llamado Estado Islámico (ISIS)? ¿Y qué es lo que lleva a ciudadanos europeos a embarcarse en una matanza cruel como la que se vio el mes pasado en Paris?”, es la pregunta que se formula Malik.
El mito N°1 que él pone en tela de juicio consiste en que los extremistas religiosos sean... religiosos. Un estudio del año 2008 del Servicio de Seguridad británico (el MI5) sobre el extremismo, que llegó a manos de la prensa, muestra que una gran parte de los que están involucrados en el terrorismo, no practican su fe regularmente.
El mito N°2 que aplasta Malik afirma que quienes se vuelcan a la yihad son jóvenes que no han sido integrados a la sociedad. Aquí él plantea que, en el sentido convencional de la palabra, se trata de jóvenes universitarios, con familias o adineradas o de buen pasar, que hablan inglés. “Lo que atrae a la gente joven (…) a la violencia yihadista es una búsqueda de algo mucho menos definible: de identidad, de sentido, de pertenencia, de respeto”, escribe Malik.
Entonces, se trata de una forma mucho más existencial de alienación, que tiene que ver con la desintegración de las instituciones sociales, verdadero punto de partido del yihadismo originado en Europa.
Fracasos: del asimilacionismo francés al multiculturalismo británico
Décadas atrás, los jóvenes que hoy se abocan al yihadismo se hubieran unido a movimientos sociales, de izquierda o campañas contra el racismo. Estas organizaciones daban al idealismo y las reivindicaciones sociales una forma política, explica Foreign Policy.
Hoy, las divisiones ideológicas profundas se han difuminado. La distinción entre la derecha y la izquierda se volvió menos significativa, los movimientos de trabajadores se han debilitado y los jóvenes perdieron esos espacios como sitios donde expresar su rebeldía.
Como resultado de todo esto, la política de la identidad ha cobrado fuerza. La fragmentación ha alentado a que la gente se defina en términos étnicos y/o religiosos.
La gran paradoja que plantea Malik consiste en que todas las políticas públicas destinadas a integrar a las minorías, tanto dentro de la tradición asimilacionista francesa como dentro del multiculturalismo encarnado por el Reino Unido, solo han exacerbado el proceso de regreso a las identidades étnicas y religiosas, a veces desde sus matices más extremos como es el caso del yihadismo.
Los terroristas recurren al extremismo islámico para obtener un sentido de identidad que no encuentran ni en la sociedad 'mainstream' (de masas) ni en el Islam 'mainstream'.
El 'asimilacionismo' francés se basa en construir una uniformidad cultural en torno a valores comunes. Las minorías deben adoptar la lengua, normas y señas de identidad de la cultura dominante. Mientras que el 'multiculturalismo' británico, en cambio, se basa en el derecho a la diferencia: los desarrolladores de políticas públicas británicas ven a su nación como una “comunidad de comunidades”, según un trabajo de Bhikhu Parekh sobre multiculturalismo citado por Foreign Policy.
“Ni las políticas asimilacionistas ni las multiculturalistas han creado el islamismo o el yihadismo. Lo que han hecho es ayudar a crear el espacio para que el islamismo florezca”, explica Malik.
La gran ironía consiste en que estas visiones opuestas sobre cómo integrar a las minorías, han obtenido resultados parecidos. Ante un fenómeno tan complejo, es un precandidato a Presidente estadounidense el que viene a proponer otro extremismo: prohibirle la entrada a todos los musulmanes del mundo a su país. Si él lo consigue, habrán ganado los yihadistas, porque habrán logrado dividir al mundo en dos.
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