| 3 conflictos están sucediendo simultáneamente en el vecindario de Moscú, colocando una presión extra sobre el presidente ruso, Vladimir Putin. Es quizás el momento más tenso en la región desde la disolución Unión Soviética. Por un lado, el conflicto bélico desatado entre Armenia y Azerbaiyán (ambas son exrepúblicas soviéticas) por el enclave del Nagorno Karabaj, también llamado República de Artsaj. A Rusia y Armenia las une (así como a otras exrepúblicas soviéticas) un Tratado de Seguridad Colectiva, que Armenia podría decidir invocar en cualquier momento, mientras los azeríes son apoyados por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan (con quien Putin tiene cooperación económica pero a quien lo enfrenta el hecho de apoyar bandos opuestos en Libia y Siria, entre otros puntos previos). "Por un tiempo pareció que eran amigos. El presidente ruso Vladimir Putin, exoficial de inteligencia de la KGB, había logrado alejar lentamente a uno de los miembros más incómodos de la OTAN: el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Parecía que siempre estaban hablando por teléfono, Turquía fue expulsado del programa F-35 liderado por EE.UU. por comprar el sistema de misiles de defensa aérea S-400 de Rusia, y Ankara pareció de repente más cerca de Moscú que de la alianza con sede en Bruselas. Pero cómo ha cambiado eso. Después de enfrentarse en Siria, respaldar a bandos opuestos en Libia y, en general, encontrar al otro irritante en sus respectivas pujas para capitalizar la retirada regional de EE.UU., Putin y Erdogan ya no tienen la comunicación de antes. De hecho, con los combates en curso y en aumento entre Armenia y Azerbaiyán por el enclave de la región de Nagorno-Karabaj, Erdogan ha dejado a Putin en quizás su situación más complicada en años", explicó la CNN. Por otro lado ayer martes 6/10 hubo un intento de golpe de Estado en otra exrepública soviética, Kirguistán -país montañoso de Asia Central, sin salida al mar, que comparte fronteras con China, Kazajistán, Tayikistán y Uzbekistán-. La crisis política deberá ser especialmente observada por Rusia ya que tiene una base militar allí. Putin dijo este miércoles que espera que se halle una solución pacífica a la crisis política en Kirguistán. Ayer, la oposición asaltó edificio del gobierno y anunció que tomó el poder. Una persona murió y 590 resultaron heridas en las protestas contra los resultados de las elecciones parlamentarias, en las que partidos cercanos al presidente pro-Rusia Sooronbay Jeenbekov obtuvieron grandes victorias en medio de denuncias de compra masiva de votos. El presidente dijo que enfrenta un intento de golpe de Estado pero ordenó a las fuerzas de seguridad que no abrieran fuego contra los manifestantes. La oposición dijo que había liberado a Almazbek Atambayev, un expresidente encarcelado por cargos de corrupción, y que ya estaba discutiendo la formación de un gobierno provisional. El presidente en funciones, mientras tanto, no ha dado signos de estar dispuesto a abandonar el poder aunque informó que la comisión electoral central había anulado los resultados de las cuestionadas elecciones. El primer ministro, Kubatbek Boronov, debió renunciar por las protestas. El blanco principal de las protestas, sin embargo, es Jeenbekov. Como primer ministro asumió el opositor Sadyr Japarov, quien también había sido liberado de la cárcel el lunes por los manifestantes. La situación en el Nagorno Karabaj y el intento de golpe en Kirguistán solo vienen a sumarse a un conflicto anterior que toca a Moscú: la crisis política en Bielorrusia, donde el régimen de Alexander Lukashenko -cercano a Rusia y en el poder desde 1992- enfrenta protestas desde la proclamación de los resultados oficiales de las elecciones presidenciales del 9/8, cuestionadas como fraudulentas. Los manifestantes piden el fin del régimen liderado por Lukashenko. |
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