| "Biden tiene una gran oportunidad de generar otro vínculo con América Latina. Las posibilidades de reencontrarse con el continente son muchas porque estos años que han pasado nos han tratado muy mal", dijo ayer el presidente Alberto Fernández. En diálogo con Marco Enríquez Ominami, ex candidato presidencial chileno y uno de los fundadores del Grupo de Puebla, Fernández agregó: "No tengo muy en claro cómo va a terminar siendo la política exterior de Biden para con América Latina, pero descarto que definitivamente va a ser mejor que la de Trump. Vamos a tener un mejor vínculo con Estados Unidos, básicamente porque es difícil tener un peor vínculo". A su vez, pidió "desterrar" la idea del republicano Donald Trump de intervenir militarmente Venezuela: "Ayudar a Venezuela a encontrar un canal de diálogo para que toda Venezuela se reencuentre y los venezolanos resuelvan su futuro como corresponde y no inventando presidentes itinerantes que andan por el mundo, que es lo que ha pasado a instancias del gobierno norteamericano", dijo en referencia al titular de la Asamblea Nacional de ese país, Juan Guaidó. La agencia Fitch realizó el mismo análisis que Fernández. "El enfoque del nuevo presidente hacia la región puede tardar en emerger a medida que reúne a su administración y se enfoca inicialmente en los desafíos derivados de la pandemia y su impacto en la economía de Estados Unidos. Sin embargo, ciertas iniciativas de política que probablemente sean una prioridad, en particular una nueva ley de estímulo interno, serían positivas para las economías latinoamericanas", dijo en un informe. De movida, el grupo financiero adelantó que si se logra afirmar la recuperación de la mayor economía del mundo podría respaldar exportaciones latinoamericanas e impulsar flujos de remesas a México y Centroamérica. Además México podría beneficiarse de una retórica más moderada de Biden con respecto al actual mandatario, Donald Trump, y de que el propio demócrata respaldó el acuerdo comercial negociado que incluye también a Canadá. "Sin embargo, esto no elimina la posible fricción con países individuales sobre temas específicos, como las políticas ambientales de la nueva administración de Estados Unidos. Estos podrían ser una fuente de fricción con Brasil, por ejemplo, aunque la relación entre los dos países se basa en intereses compartidos y fuertes vínculos en el sector privado", afirmó. En Argentina, hay mucha expectativa por las inversiones en Vaca Muerta. Biden prometió incorporar a Estados Unidos en el Acuerdo de París, que apunta directamente contra el fracking. El ex vicepresidente de aquel país hace foco en las energías renovables y para ello tiene previsto una inversión pública de US$1,7 billón de cara al 2025, a los que se sumarán más de US$3,3 billones de empresas privadas y otros estamentos públicos. "Si se dan las condiciones de que Biden logre frenar parcialmente el avance de la producción shale en los Estados Unidos, si hay abundancia de equipos y si los precios en la Argentina se logran alinear con precios internacionales, que tal vez deberían ser más elevados que los actuales, habría más oportunidades de inversión en Vaca Muerta, aunque no creo que se llegue al boom de alquiler de equipos de 2014", consideró Roberto Kozjul, economista, investigador y profesor de la Universidad Nacional de Río Negro, al diario Ámbito Financiero. Según Kozjul, es posible que por la abundancia de equipos para fractura hidráulica en EEUU algunas compañías petroleras y de servicios estén interesadas en ver a los países que tienen desarrollos de shale oil y shale gas, como es el caso de Argentina en Vaca Muerta. "Sería una oportunidad para introducir tecnología o hacer nuevos negocios. Pero en ese caso hay que ver qué sucederá con los precios y a qué tipo de cambio se produciría", sostuvo. El director del Área de Energía y Oil&Gas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Austral, Robert Carnicer, se mostró más escéptico con una posible potenciación de Vaca Muerta. "Hay un horizonte de tiempo para que eso suceda. No me parece que EE.UU. vaya a desincentivar el uso del fracking, puede ser que no tenga la pendiente estrepitosa que tuvo durante años anteriores, y recién cuando los renovables estén terminados y se haya abastecido el consumo de gas interno, recién ahí se cierre el fracking o se lo deje para la exportación", analizó en diálogo con dicho medio. Carnicer no cree que los americanos bajen la producción de shale. "Los estadounidenses son pragmáticos, saben que son importantes los renovables, pero no van a llegar a importar crudo de Venezuela o Arabia Saudita o importar gas, que es lo que hacían antes. Hoy exportan gas, propano y productos petroquímicos porque tiene la producción de gas y crudo a través del shale", señaló el ingeniero civil y consultor. |
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