"Si alguna vez hubo un momento ideal en la historia de Estados Unidos para que asumiera alguien como Joe Biden, es ahora. Tiene la chance de ser el hombre ideal en el momento justo, pero la verdadera prueba está por venir." Estas palabras son del periodista estadounidense Guy Gugliotta, durante una entrevista con Clarín. Charla en la cual también dijo que Donald Trump fue "el peor presidente de la historia de Estados Unidos". "El aspecto central de su legado será el del perfil de alguien que se promocionó siempre a sí mismo, y que nunca debió ser presidente." Gugliotta no es la única persona que advierte el dramático contraste entre el hombre que se fue y el hombre que llegó para ocupar su lugar. Ese contraste se palpó fácilmente el mismo día de la Inauguración. Uno de ellos marchó sobre una alfombra roja, con una grandeza coreografiada, disparos de salvas, un discurso para unos pocos, sin admitir la legalidad del triunfo de su sucesor. Sin nombrarlo. Sin recibirlo. Sin saludarlo. Rompiendo largas y sagradas tradiciones. Prometió volver. Lo escuchaba su esposa Melania Trump, vestida de negro, como para un funeral. Para cerrar, al estilo Hollywood, el Air Force One despegó de la base Andrews con Trump a bordo, por última vez. De fondo, sonaba My Way. A pocos kilómetros de allí, al mismo tiempo, Joe Biden asistía a misa, en el primer paso de una ceremonia llena de simbolismos sobre igualdad, unidad, diversidad, tolerancia, empezando por su vicepresidenta, Kamala Harris. La asunción fue una jornada repleta de esos simbolismos, tanto así que resultó casi una sobredosis de ideales perdidos después de cuatro años de "abstinencia". El miércoles, para muchos, fue un bálsamo, una bocanada de oxígeno. Antes de irme, también quería compartir contigo: Gracias por leer y buen fin de semana. Seguí leyendo... |
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