
Tan cerca del primero de mayo, no es posible eludir hablar del salario, sobre todo en Bolivia, porque por una costumbre burocrática el gobierno suele aprobar un nuevo salario mínimo nacional “en homenaje al Día mundial del Trabajo”.
Como el tema afecta a los que pagan y a los que cobran es lógico que existan al menos dos puntos de vista, casi siempre opuestos y hasta inconcensuables. Los que cobran sienten que el salario, aún incrementado, nunca alcanza para lo que demanda la subsistencia diaria y los que pagan argumentan que por cada centavo que aumentan la empresa corre el riesgo de desaparecer. Por supuesto que cada sector amenaza…, amenaza, para que le hagan caso.
Las estadísticas y sus intérpretes más conocidos opinarán sobre la influencia de la modificación del salario en el producto interno bruto, la inflación, la posible pérdida de puestos laborales “decentes” y otros males, obviamente en defensa del congelamiento de los sueldos.
Más allá de los sesudos análisis de los especialistas, a mí el tema me provoca la pregunta: ¿con 2.164 bolivianos (o un poquito más)?, alguna persona de entre 20 y 30 años podrá construir un futuro en el que se provea de techo, tenga la alimentación necesaria, se vista adecuadamente o consolide una familia?
Estos “empleos dignos” (porque involucran un salario mensual, descuentos de ley y ahorro para la vejez, que supuestamente se perderán al aumentar unos centavos al salario mínimo), parece que no son tal, sobre todo si involucramos un mañana más digno para esa juventud a la que solemos llamar “el futuro de la patria”. Para acceder a un crédito bancario, por ejemplo, la financiera cree que como máximo puedes pagar un tercio de tu salario (en este caso 709 bolivianos), cifra muy lejana de los 280.000 bolivianos que cuesta una vivienda modesta.
Carlos Eddy Sandi Lora, es periodista
Rubén David Sandi Lora April 25, 2022 at 10:52AM
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